indicar que estuvo cruzando frente a las costas peruanas hasta finales de setiembre, cuando se reunió con el Leipzig y el Marie. Incorporado al escuadrón de Spee, pasó a Punta Arenas para reaprovisionarse y quedar luego en bahía Hewett a la espera de nuevas órdenes. En dicho lugar reabasteció al Dresden después de Malvinas y luego quedó internado en Punta Arenas (Bravo Valdivieso, 2005; Bisher, 2012). Al mando del capitán Schulemann, el Abessinia se refugió en Mollendo al inicio de la guerra, junto con el Uarda, el velero Hebe y dos buques británicos139. Zarpó el 2 de octubre y se reunió con el Leipzig al día siguiente y arribó al Callao el día 6 con el teniente T. Standtke y dos marineros del crucero que requerían atención médica140. Volvió a hacerse a la mar con destino a Arica, pero antes de llegar a ese puerto se reunió con el escuadrón de Spee y luego pasó a su puerto de destino donde quedó internado. El Seydlitz y el Holstein eran de la Norddeustcher Lloyd. El primero estaba en aguas australianas al estallar la guerra y se dirigió de inmediato a Valparaíso a donde arribó a principios de octubre. Poco después volvió a hacerse a la mar para reabastecer al escuadrón de Spee, al que acompañó hacia el Atlántico; logró escapar de la persecución británica luego de la batalla de Malvinas e internarse en Montevideo. Si bien alguna fuente refiere que estuvo en el Callao, no hemos encontrado evidencias de ello (Bravo Valdivieso, 2005). El Holstein debía llegar al Callao a principios de agosto, pero su capitán optó por internarse en Iquique. A ese mismo puerto ingresó el Karnak, de la Kosmos, pero el 2 de octubre zarpó tras declarar que se dirigía al Callao, cuando en realidad reaprovisionó al Leipzig y el 28 de ese mes arribó a Antofagasta, donde quedó internado (Rocuant, 1919, pp. 59-60). La presencia de naves beligerantes en aguas y puertos peruanos, con la posibilidad de que pudieran convertirse en eficaces recolectores y transmisores de información para sus respectivos sistemas de inteligencia, como en la práctica sucedió, llevó al gobierno a tomar algunas medidas precautorias. Además de las regulaciones internacionales que permitían la permanencia de naves beligerantes en puerto neutrales por un máximo de 24 horas, se dispuso que las estaciones de radio de los buques mercantes alemanes en puerto quedasen selladas y que las naves estuviesen sometidas a estricta vigilancia. Meses más tarde, el 4 de junio de 1915, se dispuso que las antenas de radio fuesen arriadas y guardadas hasta el final del conflicto (Ministerio de Guerra y Marina, 1916, vol. VIII, pp. 239-240 y 304; De Lavalle, 1919, pp. 10-11). 125
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