once de los tripulantes de la Lorton; mientras que Sanders y otros cinco tripulantes fueron recogidos por el vapor Macarena129. Obviamente, el gobierno peruano protestó por el hundimiento de una embarcación nacional, con lo cual se inició un largo proceso diplomático que llevó a que, finalmente, el 3 de octubre de 1917 se rompiesen relaciones con Alemania. Si bien la Lorton era una nave peruana, no deja de ser cierto que transportaba un cargamento apetecible para la industria bélica, y que por ello era considerado contrabando de guerra si estaba dirigido a un beligerante. Si bien este no era el caso, el que su destino fuese un puerto del Cantábrico hacía sospechosa su presencia en esa zona. Pese a ello, su hundimiento, el primero de una nave latinoamericana, fue un injustificado acto de hostilidad que Alemania se negó a aceptar (De Lavalle, 1919, pp. 310-314; Basadre, 1966, p. 415)130. Buques alemanes en puertos peruanos El Leipzig en aguas nacionales, el hundimiento de la Lorton y la participación de nacionales y miembros de las colonias extranjeras en los campos de batalla hicieron sentir a los peruanos que la guerra los afectaba de alguna manera. Pero la presencia de varias naves mercantes alemanas en nuestros puertos acercó la guerra a los ciudadanos de a pie. Por ello resulta pertinente explicar cuál fue su situación tanto al inicio de la guerra como en su curso. El comercio marítimo alemán en la costa oeste sudamericana era atendido por un considerable número de buques sueltos y por los vapores de las líneas Kosmos y la Roland, que unían regularmente el Callao con Hamburgo y Bremen, respectivamente. Si bien estas naves no tuvieron que enfrentar un peligro inmediato al inicio de la guerra, muchas de las que estaban en puerto permanecieron en ellos y otras tantas que estaban navegando arribaron a puertos cercanos a la espera del desarrollo de los acontecimientos. Algunas de estas naves actuaron como auxiliares del escuadrón de Spee, y si bien diez de ellas permanecieron en el Callao y Mollendo, fueron varias más las que tocaron en nuestros puertos. Las diez naves, a las que se sumaron seis lanchas de la Roland Linie, fueron confiscadas por el gobierno peruano en setiembre de 1918. Cuatro de ellas fueron los veleros Maipo, Omega, Thellus y Hebe, los tres primeros refugiados en el Callao y el último en Mollendo. Cinco vapores quedaron en el Callao: Marie, Sierra 122
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