Fritz Emil Lüdecke optó por volar su nave para evitar que fuese capturada. La tripulación desembarcó y vio desde la orilla como el último buque de guerra alemán en el Pacífico se hundía (Yates, 1995, pp. 233-235). Si bien con el Dresden desaparecía la presencia naval alemana en las costas americanas del Pacífico, el temor a que esta volviese a presentarse no dejó de estar latente. Esto había llevado a que, desde setiembre, naves de la Armada Peruana escoltaron a buques aliados para evitar que se cometieran actos de hostilidad en las tres millas que entonces abarcaban nuestras aguas territoriales (De Lavalle, 1919, pp. 11-12)116; y también llevó a que buques de guerra británicos continuaran registrando buques neutrales tanto para buscar reservistas como contrabando alemán, y recalando en diversos puertos peruano117. El Kent lo hizo hasta principios de 1916, el Newcastle hasta marzo de 1917 y el Lancaster de mayo a noviembre de 1918118. También lo hicieron los cruceros auxiliares Orama durante el primer semestre de 1915, Otranto desde mediados de ese año hasta agosto de 1917, Orbita entre abril de 1916 y marzo de 1918, Avoca desde noviembre de 1916 hasta el final de la guerra y el Ophir de octubre a diciembre de 1918119. En la mayoría de los casos estos buques ingresaron por muy breves horas para reabastecerse de víveres y carbón, y permitir algún momento de solaz a la tripulación. También hubo oportunidad de ofrecer alguna recepción a bordo, como las dos que tuvieron lugar en abril de 1915 en el Kent, luego del hundimiento del Dresden, y en octubre de 1918 en el Ophir para conmemorar el aniversario de la ruptura de las relaciones del Perú con Alemania, pero en cuatro ocasiones lo hicieron para enterrar a tripulantes fallecidos por diversos motivos120. Finalmente, en noviembre de 1917 llegó al Callao el crucero norteamericano Marblehead, como muestra de solidaridad por la ruptura de relaciones diplomáticas con Alemania121. 4. EL CASO DE LA LORTON Alemania había iniciado la guerra con una flota submarina relativamente modesta y con limitada capacidad oceánica. Pero pronto se dio cuenta del gran potencial ofensivo de esta arma, razón por la cual incrementó su número y accionar, de manera que al concluir 1914 los submarinos alemanes habían hundido casi un millón de toneladas luego de atacar buques mercantes sin alertarlos previamente. En febrero de 1915 el 119
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