El Perú desde la intimidad

mismo tiempo estaría Ud. persuadido, como lo estaba yo, de que el señor Contralmirante Montero tenía el firme propósito de no hacer nada por no comprometer su responsabilidad personal. Así es que veía Ud. y sentía por una parte los padecimientos y males del Perú; y por la otra no encontraba Ud. una autoridad resuelta a arrostrarlo todo para salvar la República. El patriotismo le aconsejó romper la valla, y dijo Ud. su modo de pensar a la Nación. Este procedimiento, que de esta manera explicado no puede merecer la censura de los que los juzguen tan desapasionadamente como yo, ha perjudicado, por desgracia, las negociaciones pendientes; pero esto no destruye para mí la buena intención de Ud. Por lo contrario, tengo la convicción de que a saber Ud. que yo estaba negociando la paz, habría esperado tranquilamente el éxito de mis gestiones. De suerte que al tener noticia Ud. de que yo estaba tratando de la paz, así como al leer yo el manifiesto de Ud. habría visto Ud., como he visto yo, que caminamos por el mismo sendero. Los dos estamos persuadidos de que la paz no puede hacerse sin un sacrificio; los dos hemos tenido valor bastante para decir al Perú nuestra manera de pensar y para aconsejarle que salve su autonomía sin reparar en las concesiones que se vea obligado a hacer. Siendo esto así, y estando como estamos acordes en el fondo: ¿por qué nos hemos de presentar divididos en la apariencia? ¿Por qué, si vamos al mismo fin hemos de andar por diversos caminos, cruzándonos mutuamente? Yo, por mi parte, estimado General, sé decir a Ud. que no quiero aparecer contrariando los propósitos de Ud., porque no creo que nacen de ambición sino de patriotismo; y al mismo tiempo me persuado de que Ud. no puede proponerse entorpecer mi acción, puesto que sólo anhela Ud. el bien de la República. Sin embargo, aunque todo esto sea verdad, el hecho es que aparecemos divididos, y que esta aparente división es un pretexto de que Chile se prevale para no tratar con el Perú» (Ahumada Moreno 1884-1891, VIII: 124). 441 En carta a Blest Gana desde Santiago, el 3 de abril de 1883, el ministro de Relaciones Exteriores chileno, Aldunate, comenta «la ultima tentativa de intervención europea y americana que pretendieron suscitar algunos señores diplomáticos residentes en Lima en fines de enero último. El fracaso de aquellas gestiones prueba una vez más la dificultad de este género de empresas, pero ha servido para dar margen a nuevos y persistentes apremios de parte del gobierno de los Estados Unidos». Censuraba Aldunate la postura de los Estados Unidos en el asunto, señalando que no veían con agrado la intervención de los diplomáticos europeos. Más adelante indica que «en este momento mismo nos estamos esforzando para hacer de Iglesias un gobernante del Perú, sin que hasta ahora podamos inflarle lo bastante para darle aire de seriedad. ¿Cómo y con quién trataríamos entonces? El Perú se revuelca en su anarquía porque este es el negocio de los caudillejos de baja estirpe que explotan las miserias de su patria» (Fernández Larraín 1991: 398-399). Para el tema de las gestiones diplomáticas encaminadas al logro de la paz, es útil la consulta de Valdez Arroyo (2004). 442 La aceptación de la entrega de Tarapacá —es decir, de la cesión territorial— fue un cambio fundamental en la actitud peruana frente a las pretensiones de Chile. Lo que no se aceptaba en 1881 se aceptó en 1883. Ante la necesidad de la paz y frente a la actitud intransigente de Chile, no aparecía otro camino posible. 443 En el diario El Pueblo (15.3.1883), aparece una información sobre la muerte del señor Gregorio N. del Real: «hace dos días que circula en esta capital la infausta noticia de la muerte de nuestro recomendable compatriota el señor don Gregorio N. del Real. Este caballero, que ha desempeñado importantes puestos públicos y prestado al país 865

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx