El Perú desde la intimidad

en ella el milagro de una resurrección. ¿Se realizará? Lo dudo mucho; a menos mientras no se extinga la generación que conserva el recuerdo del paso por esta costa de una nueva irrupción de vándalos. Bien pudiera suceder, por otra parte, que estas crueldades —porque conozco que lo son—, fríamente meditadas unas, inevitables las otras, contribuyan en mucho a hacer innecesarios otros rigores. Los pueblos de más al norte verán claramente qué suerte les espera y es probable que procuren evitarla ejerciendo presión sobre su gobierno para que haga la paz. Si eso sucediera, esta obra, en que me cabe parte muy principal por los consejos e indicaciones implacables que he hecho, sería para mí motivo de satisfacción antes que de remordimiento. También es verdad que uno se siente muy poco inclinado a la benevolencia con enemigos que no quieren ni saben combatir: a los valientes se les estima, a los vencidos se les perdona, pero ¿qué hacer con estos perpetuos desertores del puesto de honor y deber militar? No otra cosa que castigarlos severamente como lo hemos hecho aquí en este puerto que se defiende con 200 hombres de un ejército y que merecía ser defendido por su importancia, en este puerto donde desde ayer no hay más que 150 hombres nuestros teniendo ellos dos mil a pocas leguas de distancia. ¿No es verdad que gentes que así proceden no merecen compasión? Esta noche nos vamos después de dejar aquí huella imborrable de nuestro paso. El botín que llevamos vale unos cientos de miles de pesos y lo que hemos destruido algunos millones» (Claro 2003: 71-72). 264 Tanto por un parte del mismo Aurelio García y García del 9 de octubre de 1879, como por una carta que le envió el 13 de enero de 1880 Pedro Gárezon, quien era oficial en el «Huáscar» en el combate de Angamos, se aclaró la responsabilidad del primero en el caso del referido combate (Puente Candamo 2003: 385-386). Véase Aurelio García y García (1880). 265 Alejandro Garland von Lotten (Lima, 1852). Economista y publicista. Trató también temas históricos y geográficos. Casó en 1875 con Eloyda Roel Mendívil. Fue hijo de Gerardo Garland Myers, natural de York, y de Enriqueta von Lotten Sierra (Barreda 1952-1953: 65-68). 266 Francisco García Calderón (Arequipa, 1834 – Lima, 1905). Abogado y jurista, profesor e investigador. Fue rector de la Universidad de San Marcos, y se le recuerda especialmente por su digna actitud al ejercer la presidencia de la República desde el pueblo de la Magdalena, cerca de Lima, en 1881. Luego fue prisionero de los chilenos por no ser partidario de la cesión territorial (Tauro 2001, 7: 1043-1044). Aparece citado en numerosas cartas de este epistolario. 267 Gustavo Agustín Heudebert (Domont, Francia, 1834 - Lima, 1904) casó en 1868 en Lima con María Juana González Pinillos Eléspuru (Lima, 1848-1919) (Barreda 1957: 75-76). El «machito» mencionado en esta carta es Gustavo Heudebert González, nacido en Lima el 23 de setiembre de 1880 (Barreda 1957: 95). 268 Francisco Gastañeta Rivero casó en 1875 con Enriqueta Bromley (Lasarte y Miranda 1993: 386). 269 Sin duda se refiere a Mariana Barreda Osma (Lima, 1838 – Chorrillos, 1916), quien casó en 1859 con Manuel Pardo y Lavalle (Lasarte y Miranda 1993: 100). 270 El coronel Adolfo Salmón integró la plana mayor del cuerpo de artillería del ejército de la reserva en la campaña de 1881 (Ministerio de Guerra 1981: 67). 271 Es posible que la mención corresponda a Juan P. Lanfranco, a quien alude José Rafael B. Lepiani en carta a Nicolás de Piérola (BNP, Colección Piérola, XNP, 12 de 842

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