111 La relación de pasajeros aparece en El Comercio (30.3.1875, Sección Interior, Callao). 112 Era un preparado opiáceo para calmar dolores, y se utilizaba también para curar enfermedades neurológicas. Podía causar adicción. Véase Valdizán (1923-1959, IV, cuarta parte: 335). 113 En la correspondencia de Manuel Candamo no aparece mención directa a la ocupación de Lima, pues durante ese tiempo ya vivía en la capital con su familia. Sobre los excesos cometidos por los chilenos en el transcurso de la ocupación y en el anterior incendio de Chorrillos, es ilustrativo el testimonio del viajero francés Marcel Monnier: «a tres o cuatro leguas hacia el sur están los escombros de Miraflores y de Chorrillos, el Trouville peruano: un montón de despojos informes marca el emplazamiento de las casas de campo alineadas a lo largo de esta playa espléndida. Todo lo que el enemigo no pudo llevarse fue aniquilado. Los demoledores pusieron en obra la mina y el hacha. Hicieron saltar los muros, talaron los bosques, y, con este combustible, unido a las maderas de muebles hechos pedazos, alumbraron grandes fogatas de fiesta (…). En Lima misma, en los barrios elegantes, pequeños defectos atestiguarían, disimulados bajo exteriores brillantes, la miseria pública, la derrota reciente, la bancarrota. Descubriréis un pedestal sin estatua, una fuente privada de sus náyades y de sus tritones, un palacio decapitado de su friso de mármol. Bronces y bajos relieves, coleccionados por el vencedor, decoran en la actualidad las plazas de Santiago o de Valparaíso» (Porras 1935: 308-309). 114 El epistolario de Máximo R. Lira con Isabel Errázuriz constituye una fuente de gran importancia para el conocimiento de esta etapa de la guerra. Máximo Rafael (o Ramón) Lira Donoso nació en 1846 y murió en 1916 en Tacna, donde se desempeñó como intendente. Estudió en el colegio de San Ignacio en Santiago, y desde joven demostró aptitud para la oratoria y el periodismo. En 1874 fue secretario de la Legación de Chile en Buenos Aires. Fue también parlamentario conservador. Durante la guerra fue Delegado de la Intendencia General en el Ejército y la Marina, y «destacó en el buen manejo de los abastecimientos en el desembarco de Pisagua» (Claro 2003: 61). En carta desde Iquique, el 8 de diciembre de 1879, refiere Máximo Lira lo siguiente sobre la ocupación de ese puerto: «Antes de la llegada de la reserva había reinado aquí un orden admirable. Se respetaba los derechos de todo el mundo y el comercio, muy receloso al principio, comenzaba a abrir sus puertas. Las tropas de la reserva, por desgracia, se han empeñado en destruir todo el buen efecto producido por la moderación y urbanidad de los vencedores. Conquistadores de retaguardia entraron con los aires insolentes de los hulanos. Los comandantes de cuerpos eligieron para vivir las mejores casas y, no hallando a sus dueños, comenzaron por echar sus puertas abajo. Los oficiales subalternos se hicieron merodeadores y los soldados salteadores francos. El mismo general quiso apoderarse por fuerza de una casa en que dormía el cónsul italiano porque no se la querían arrendar. Un oficial dio en la calle y a medio día una feroz trompada a una señora respetable. Otros tomaron por asalto el club de los extranjeros declarándolo peruano y de pertenencia del ejército. Etc... Con todo esto principió a entrar el pánico, y ha sido necesario reaccionar muy enérgicamente contra este sistema de vandalismo para hacer entrar las cosas en vereda. Hoy, felizmente, la tranquilidad comienza a renacer y a rehabilitarse el buen nombre de las autoridades chilenas» (Claro 2003: 67-68). 824
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx