El Perú desde la intimidad

Lord Granville y los principales empleados del Ministerio de Relaciones Exteriores se han ido al campo y no vienen a Londres sino muy rara vez y muy apurados, de modo que es difícil hablar con ellos. Esto contribuye a que la cuestión se haga más espinosa y más delicada. Si dentro de unos pocos días más las cosas no cambian de una manera sensible, me iré a París a ocuparme de otros asuntos que reclaman mi presencia, y dejaré a los ingleses en tranquilidad, para que reflexionen hasta el mes de noviembre. Un arreglo con la Peruvian es muy de desearse, porque nos proporcionaría fondos; pero llegar a ese arreglo es casi imposible, atendida la calidad de la gente que la dirige. Su principal deseo es embromar, dándose tiempo para hacer desaparecer el guano que aún les queda. Cuando estaba en París me mandaban recados, comisionados para que me asegurasen que estaban dispuestos a tratar y que deseaban que viniera cuanto antes, hacían todo género de promesas, daban por aceptadas las principales condiciones de la transacción que debía hacerse y no sé cuántas otras cosas, y apenas me veo con ellos en esta ciudad, lo primero que me dicen es que no podemos hablar una sola palabra sobre la transacción, que las negociaciones comenzarán cuando esté recibido por el Gobierno Inglés, que han consultado con sus abogados, que les han indicado que deben proceder de esa manera si no quieren ver comprometidos sus intereses. Estoy seguro de que si llego a ser recibido por el Gobierno Inglés, inmediatamente suscitarán otro obstáculo que impida la solución del asunto. El deseo de proporcionar a Ustedes recursos me preocupa constantemente y me parece que lo realizaré pronto, por supuesto apelando al único medio que nos es dado emplear por el momento, la venta de las cañoneras. Ya hay propuestas de compra aceptables, y yo estoy decidido a admitir la que parezca más conveniente. En cuanto tenga fondos telegrafiaré.827 El Congreso de Estados Unidos se clausuró sin haber resuelto nada sobre nuestra cuestión. ¿Qué tal si se hubiesen mandado aquellos cuarenta mil dólares, que se pedían con tanta urgencia y dando tantas seguridades de que se obtendría un buen resultado? Ya serían cuarenta mil dólares perdidos, porque una vez que se hubiesen entregado, no habría sido posible volver a verles la cara. Si en lo sucesivo se presentase la ocasión, 766

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