El Perú desde la intimidad

particularmente, alguno o algunos de sus miembros no las conociere y supiere su motivo, lo que aquí valía para apreciar los procedimientos de ese Comité, al conocimiento oficial que usted le hubiera dado de ellas; 2ª porque, aunque usted no le hubiera dado esa cuenta oficial, y aun admitiendo que no tuviere el conocimiento particular que supongo, los términos tan decisivos de su manifiesto, afirmando un sistema político completo y protestando sostenerlo, hacía inútil la discusión de todo proyecto de concierto, que no podía rodar sino sobre modificaciones, más o menos fundamentales de ese sistema. Ya «el Perú tiene un gobierno regular, reconocido por todo el país y apoyado por la opinión pública»; ¿para qué necesita ese gobierno del concurso ni del apoyo de ningún partido político, que nos deben considerar muy diminuto e insignificante, desde que creen que todo el país reconoce y la opinión pública apoya a ese gobierno? Ni, ¿qué base de acuerdo podrá proponerse por un partido político a otro, que juzga que el gobierno que sostiene es reconocido por todo el país y apoyado por la opinión pública? Tratándose de un partido político que tal cree —y con la mayor buena fe, lo supongo—, no hay arreglo, concordia ni concierto posible, no quedando para el otro o los otros partidos que puedan existir en el país, más que tres caminos expeditos: 1° formar en sus filas; 2° combatirlo; 3° abstenerse. Lo 1° no podemos hacerlo, porque no creemos que ese gobierno tenga las condiciones que ustedes le atribuyen, ni las que se requieren para presentar «tanto al país como a los extraños y aún al enemigo» al Perú unido y fuerte, ni que su política, desde su inauguración hasta la fecha, sea la más adecuada «para salvar la existencia nacional y salir lo menos mal posible de manos del enemigo extranjero». Lo 2° tampoco podemos hacerlo, porque no queremos ni debemos presentar al país en lucha interna, siquiera sea de palabras, ante el enemigo extranjero; porque no queremos ni debemos cruzar los planes que nos tengan [sic], por poca que sea la fe que en su buen éxito abriguemos; porque no queremos ni debemos dar lugar a que se atribuya a nuestra acción el desastroso éxito [sic] para el país que, erradamente tal vez, prevemos a su política. No nos quedaba pues más que el 3er camino: abstenerse. Nuestra abstención no tiene nada que la haga semejante «a una expectativa sospechosa ni menos a la indiferencia», y no sería extraño que muchos de los miembros del Partido Nacional y aun el partido mismo en masa saliere de esa abstención, ni «se le persuadiese de que un imperioso 716

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