Me ha sorprendido su regreso tan rápido de los baños de la cordillera, cuando creía que por lo menos estuviese allí unos veinte días. Le felicito por el buen resultado que ha obtenido con la desaparición de aquel moquillo reacio que le fastidiaba. No comprendo cómo vacila usted en venir acá. La cuestión del permiso, teniendo al Secretario Gazmuri 758 y al amigo Santander es sencilla, y no debe arredrarle porque la compensación del fastidio que eso pueda causar es realmente grande. Estoy seguro que usted aquí [gozaría] más que yo, sobre todo ahora que casi no hay gente y que [roto] el high-life ha vuelto a sus lares. Unas dos o tres familias y unos cuantos caballeros son hoy los huéspedes de este gran hotel, y el sábado se van como doce personas. Después solo en Semana Santa hay gran afluencia, pero es de extranjeros comerciantes que vienen a gozar aquí del feriado. El gasto no es tampoco cuestión que resiste al análisis serio. Usted gasta en Chillán más o menos 80 pesos al mes, aquí gastará 120 ó 130 pesos, es decir, un máximo de 50 pesos, suponiendo que estuviese usted aquí dos o tres meses, serían 100 ó 150 pesos que vale la pena de gastar, para gozar de este clima, de esta tranquilidad, de lo confortable del hotel y por último de la buena compañía de su amigo y servidor. Déjese pues de escrúpulos, [roto] los pasos necesarios y véngase, que yo le garantizo que tendrá que agradecerme mi insistencia, hija no sólo de mi egoísmo y del gusto que tendría en estar con usted, sino de lo que es la verdad y creo es lo conveniente para usted. Puede usted tener espléndida cacería en una laguna inmediata. Don Carlos Hess es un gran aficionado; hace dos días fue con un paisano suyo. Salió de aquí en coche a las 3 de la madrugada y regresó a las 8 p.m. Trajeron conejos, patos, becasinas y palomitas y no bajarían de diez las piezas grandes. Las becasinas espléndidas; lo que a conejos no sé lo que es; no los como nunca. Sabe usted pues que debe decidirse y no perder tiempo, pues le hará bien una temporada aquí antes de regresar a Lima. Por si acaso, yo le digo al amigo Santander, bajo cuya cubierta va esta, que lo anime a usted. Mucha pena me ha causado lo que me dice usted de José Antonio García, y estoy muy inquieto respecto a las consecuencias que esa enfermedad pueda tener para él. Hágame el favor de saludarle con el mayor afecto. 694
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