El Perú desde la intimidad

Muy respetado amigo: Desde ayer me tiene usted en Quito. Aún no conozco bien la ciudad. En cuanto a la sociedad la he visto anoche en el teatro, donde la compañía Lombardi dio anoche su primera función. Para los quiteños, «de Quito solo se puede pasar al cielo»; pero un amigo francés que me he hallado aquí, agrega que eso depende de «que aquí se cumplen los años de purgatorio». Lo único cierto es la incomparable superioridad de Lima. Respecto a mi misión, a Pardo le escribo largamente. Mi posición es fuerte e inconmovible en el terreno diplomático para exigir el cumplimiento del Tratado de Arbitraje. Además con argumentos incontestables puedo demostrar la generosidad del Perú, que compromete en ese arbitraje poblaciones como Tumbes, Jaén e Iquitos, mientras el Ecuador solo expone territorios que jamás podrá poblar. Lo único grave es que en el Ecuador la oposición al Gobierno ha difundido la idea de que el arbitraje de España es la derrota del Ecuador, el triunfo del Perú, y casi ha preparado de esto una bandera revolucionaria, explotando un sentimiento de envidia que nadie disimula, y una absurda creencia en la superioridad militar del Ecuador. En esta condición el Gobierno tiene miedo, no al fallo, tiene miedo a sus enemigos políticos: teme dar a los conservadores y a los alfaristas un arma magnífica, superior a la venta de la bandera nacional que en el asunto Esmeralda fue el hoc signum vinces de Alfaro. 754 Pero como no pueden escapar al derecho con que el Perú pide que se cumpla el arbitraje pactado, han recurrido al plan de enviar una embajada a Colombia para suplicarle que en cualquier forma, con una protesta, obtenga el arbitraje. He aquí por qué la manera de cruzar este plan consiste en anticiparse a tratar con Colombia en cualquier forma, por lo menos, a evitar que proteste como lo hizo antes, de un arbitraje, que según ella, dispone de territorios suyos. Y, por fin, es indispensable alentar la posición del gobierno ecuatoriano y desalentar a la oposición mostrándoles un Perú fuerte en el mar, que es 687

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