El Perú desde la intimidad

cama, lo cual hace un efecto precioso. Las que mandaste con Othon las usa Carlos, una sobre su cama forrada de raso vieilior y la otra sobre un sofá de su biblioteca. A mí me dio la chiquita que tú llamas «paco». Yo he hecho un petit tapis y la uso en mi escritorio también. No he querido ser pechugona; si no ya te hubiera pedido otra blanca en lugar de cortar en dos la mía, pero no me atreví y luego así tal cual está preciosa. Y estoy segura que mi idea le va a gustar mucho a Teresa. Ya habrás tenido muchas noticias nuestras por Othon y Rosa Mercedes. Me alegro tanto que esté completamente curada de su enfermedad. Concluyo deseándoles a todos ustedes un muy feliz año 1900, que gocen de perfecta salud y todo sea felicidad para ustedes. Mil abrazos para Teresa, los niños y para ti de tu hermana Clotilde *** París, mayo 17/1901 Mi querido Manuel: Hoy de ninguna manera dejo de escribirte. Si supieras cuántas veces he principiado cartas que se han quedado sin concluir, no lo creerías. Quiero ante todo decirte lo que te agradecí tu última carta en la que me das la triste noticia de la muerte de mi pobre hermana Manuelita. Muchísimo la he sentido, pues aunque sepa que está descansando de todos los males que sufría desde tanto tiempo, siempre es muy doloroso ver desaparecer a los suyos y sin siquiera tener el consuelo de verlos y asistirlos en sus últimos momentos. Me figuro lo penoso que debe ser para ti cuando me escribes para darme tan tristes noticias; te lo agradezco infinito. Veo con cuánto esmero tratas de dármelas de la manera más consoladora diciéndome todo aquello que puede interesarme y calmar mi pena, y por lo mismo te lo agradezco doblemente. Ya sabrás la otra desgracia que hemos tenido: la muerte del pobre Juan Bryce. Nos parece un sueño; estaba tan bien de salud, tan fuerte, tan lleno de vida, alegre y dispuesto a divertirse como un joven. Te aseguro que cuando recibimos la noticia de su gravedad y de su muerte no podíamos 665

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