aceptado y me ha preguntado si no sería conveniente nombrarlo desde luego. Le he contestado que me parecía mejor aguardar la correspondencia de Lima y que te telegrafiaría preguntándotelo. Mañana le diré que me has contestado que es preferible aguardemos las cartas de Lima. No sé lo que dicen esas cartas, pero sospecho que La Fuente no debe ser persona grata para Piérola y que el Gobierno prefiere que su nombramiento sea la consecuencia de una indicación mía, más bien que un acto espontáneo de su parte. No te digo nada sobre el horrible accidente de Dax porque La Fuente, que se hallaba en el tren y cuya facilidad de pluma conoces, habrá mandado correspondencias detalladas a los periódicos de Lima. Yo viajé en ese mismo tren algunas semanas antes trayendo a Francisco,692 que debía entrar a su Lycée, y encontré tan exagerada y peligrosa la rapidez entre Bayona y Burdeos que escribí a Clotilde, que debía venir también a París pocos días después, que bajo ningún concepto viniera por ese tren. Yo tuve noticia del accidente el mismo día 15 por la tarde al ir a tomar mis billetes de sleeping car para el sábado 17, que era el día fijado para mi regreso a París con toda la familia. Por la noche compré un diario local, el Petit Courrier du Soir de Bayona, y con grandísima pena vi que entre los muertos se encontraba Canevaro, Alfredito La Fuente y la femme de chambre. Nada se decía de Luisa, pero el hecho de que viajara con Canevaro una femme de chambre, me hizo comprender que Luisa debía también encontrarse en el tren, y pensé con horror que quizás estaría entre los muertos aún no reconocidos. Mandé inmediatamente a Pedrito con Óscar a Bayona y por La Fuente, a quien felizmente encontraron vivo y con heridas muy leves, supieron que a la pobre Luisa la habían llevado a la clínica de un joven cirujano de Bayona, el doctor Lafourcade, que tiene gran reputación. Al día siguiente temprano fui a verla y demorando mi viaje por algunos días he ido a verla diariamente hasta que estuvo fuera de todo peligro. La pobre ignoraba, e ignora aún, la muerte de esos sus seres queridos: su marido, su sobrino e hijo adoptivo y su vieja criada que la había acompañado durante más de treinta años. Uno de estos días tendrán forzosamente que darle la terrible noticia, y se horroriza uno al pensar en el efecto que le va a producir. Te mando un cablegrama para que des a Othon algún socorro, pues parece que está en tristísimas circunstancias. Sobre esto te escribiré el 601
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