Después de mis cartas de 18, 22 y 23 de octubre, en que te daba instrucciones para que presentaras mi renuncia de ministro en Londres, recibí del Ministro de la Guerra instrucciones para arreglar el asunto de los cruceros y autorización para vender uno de ellos o los dos si fuese necesario. Vi en esto una prueba del buen deseo del Gobierno para poner fin a la situación tan desagradable que la permanencia de esos buques en Londres creaba al ministro del Perú, y te mandé un despacho diciéndote: «No presentes todavía», al que contestaste con un cablegrama que dice: «Presentada para Inglaterra, aceptación aplazada». No sé si el aplazamiento ha sido un acto espontáneo del Gobierno al presentar tú la renuncia, o el resultado de alguna observación que tú hayas hecho después de recibir mi telegrama en que te pedía que no la presentaras todavía. De todos modos veo con gusto que no te ha parecido imposible que se acepte mi renuncia en Inglaterra, dejándome el puesto en Francia. Siendo pues así, y estando ahora más dispuesto que nunca a librarme de la representación en Inglaterra, te ruego que insistas en que se acepte la renuncia ya presentada de ese cargo. En cumplimiento de las instrucciones del Gobierno he tenido entrevistas con el gerente del Thames Iron Works, que es la compañía que ha hecho las reparaciones en el «Lima» y conserva esos buques en garantía por el importe de ellas. El resultado de esas entrevistas ha sido la propuesta que hoy mando al Gobierno y que en copia te remito. Esa propuesta te dará una idea de las condiciones tan desventajosas en que el Gobierno tendrá que deshacerse de esos barcos, y francamente no me gustaría cargar con la responsabilidad de una venta desastrosa, no habiendo tenido parte ninguna en la construcción de esos pésimos buques, ni en los compromisos contraídos después con tanta ligereza para componer el «Lima». Lo que es vender esos buques a otras entidades que la Compañía Thames Iron Works, sería tarea muy difícil. Parece que no pueden servir como buques mercantes, y como naves de guerra no podrían venderse a ningún gobierno, a no ser que se presentase el caso de una guerra en Europa. Aun en ese caso nunca podrían venderse sin servirse de intermediarios que esperan en esos casos fuertes comisiones y pots de vin, y a mí no me gustaría de ningún modo mezclarme en transacciones de esa naturaleza. El Gobierno tiene en Europa a Miró Quesada y a él puede encargarle el asunto de sus buques, si es que no quiere darle esa comisión al nuevo Ministro que nombre en mi lugar. 579
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