les bases du contrat Aranibar-Grace». Naturalmente la noticia me pareció absurda, ridícula, todo lo que quieras, pero fue tal el miedo que me entró de que en un momento de debilidad y cediendo a la presión de gente tan sagaz e insinuante como son nuestros compatriotas, hubieras podido cometer una locura que a pesar del convencimiento que tenía de que tal cosa no podía suceder, no estuve tranquilo hasta que te mandé un cablegrama en estos términos: «Por nada aceptes ningún cargo financiero». Pocas horas después recibí tu telegrama avisándome la aprobación por el Congreso del contrato Muelle Dársena y quedé enteramente persuadido de la falsedad de la noticia publicada por el Nouveau Monde. Después de reflexionar sobre lo que te escribí hace 3 ó 4 días con relación a mi renuncia y ampliando las instrucciones que entonces te di, te encargo que de todos modos, y cualquiera que sea el arreglo que el Gobierno haga respecto de sus cruceros, presentes mi renuncia del cargo de Ministro en Londres pues estoy firmemente resuelto a no conservarlo. Si, como es probable, el Gobierno no quiere separar ambas legaciones, entonces prefiero renunciar a ambas más bien que, por guardar la de Francia, tener que seguir con la de Inglaterra. Te agradeceré que me avises por telégrafo tan pronto como puedas saber la decisión del Gobierno, diciéndome «aceptada por Inglaterra» o «aceptada por ambas», según sea el caso. También te encargo que te empeñes para que el Gobierno mande las cartas de retiro para una o ambas legaciones inmediatamente que haya adoptado una resolución. Adiós, muchos recuerdos y abrazos de tu hermano Carlos P.S. Se me ocurre que Araníbar, a quien no le disgusta la vida en Londres y que tiene a su cargo muchos asuntos financieros en Inglaterra, tanto privados como oficiales, aceptará tal vez con placer la representación diplomática en ese país. *** París, diciembre 28 1887 Mi querido Manongo: 578
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