Mi querido Manongo: Tengo que acusarte recibo de innumerables cartas, pero como no las tengo todas a la mano, me limitaré a contestar a la última de 9 del pasado. Por don Julio Tenaud supe que habías estado últimamente sufriendo del estómago, pero he visto con gusto por tu carta que la doctora, o más bien su sucesora, pues la que a mí me asistió era ya vieja y hace tiempo que debe estar en el cielo, te ha curado completamente merced a una medicación enérgica y a una dieta prudente y racional. Yo también he estado padeciendo del estómago (dispepsia) y en este último verano me he sentido bastante mal casi todo el tiempo que he permanecido en Condé, pero desde que regresé a París, y sobre todo desde que el frío se ha hecho sentir me encuentro mucho mejor y casi enteramente bien. Mucho gusto me dio la noticia del triunfo de Cáceres, pues aunque no conozco a ese caudillo le tengo muchas simpatías por su perseverancia y por la energía con que ha sostenido por tanto tiempo una lucha tan desigual contra los chilenos y contra el gobierno de Iglesias. Desde que han tenido lugar los últimos acontecimientos en Lima he vuelto a abrir los paquetes de periódicos y a recorrerlos con interés. En ellos he leído tus dos discursos que, si no me equivoco, constituyen tu debut como orador. Te diré con franqueza y pidiéndote que no lo tomes como un cumplimiento, que los he encontrado muy a mi gusto: correctos, sensatos y dignos del papel que hasta ahora has desempeñado en la política del país, es decir, el de una persona que no quiere hacer ruido ni llamar la atención y que no solicita grandes empleos, pero que tampoco quiere prescindir de los asuntos públicos ni renunciar a cualquier puesto importante en que pueda ser útil a su país y hacerse conocer de sus conciudadanos. Nunca podré creer que en el Perú falte gente capaz de apreciar la lealtad, la honradez y los esfuerzos que de buena fe se hagan para servir a la patria. Ojalá que como senador tengas ocasión de hacerte conocer y puedas llegar a ocupar una posición influyente en el gobierno siempre que ella no te haga perder tu independencia. La noticia que me das de que se ha pensado en mí para el puesto de ministro en Francia no ha sido propiamente hablando una noticia, porque como verás por el recorte de La France que te incluyo, pocos días antes de recibir tu carta apareció en ese diario la noticia de mi nombramiento y al día siguiente vino el actual secretario de la legación a darme la noticia y a 567
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