El Perú desde la intimidad

Tuyo, C. Sábado 29[1903] Mi querida Teresa: Aprovecho del regreso a Lima de mi compadre Menaut, que vino ayer exclusivamente por hablarme de asuntos muy interesantes para él, para mandarte unos cuantos renglones a pesar de que nada nuevo ni interesante tengo que decirte. Pasé bien la noche; a las 12 ½ tomé un poco de leche y dormí perfectamente hasta las ocho de la mañana. He almorzado caldillo con el consabido par de huevos, un pedazo de pollo, o sea gallo joven, mazamorra y gelatina. Tuve más apetito que ayer y las tripas guardan hasta este momento, dos de la tarde, religioso silencio. Mañana en el tren de las 7 ½ me marcho con Martín, a quien transmití tu encargo de cargar con las canastas, la taza en que vino la gelatina y la ropa sucia. Él ha tenido la brillante idea de llevar también el colchón y la ropa de cama de la señora. Nada he sabido desde hace dos días respecto a la organización del ministerio, asunto en que he dejado a Ribeyro en completa libertad. Yo me inclinaba a que se mantuviera la primera combinación con Manzanilla; 621 pero Ribeyro, en vista de la oposición que según le hicieron comprender que había despertado, no se mostró dispuesto a aguantarse con ese personal, y comprendiéndolo yo así, le hice el miércoles un telegrama autorizándolo para proceder como mejor le parezca pudiendo desde luego telegrafiar a Francisco Eguiguren,622 si no prefiere a otro en su lugar. Nada me ha contestado, y supongo que nada habrá hecho. Temprano principian las dificultades; pero como estaba preparado para recibirlas, no me sorprende la que desde luego se ha presentado, y que proviene principalmente de emulaciones, envidias, rencores y miserias de toda especie, aparte de ciertas ideas exageradas o tontas inspiradas por el espíritu de partido. Estoy acumulando paciencia; seré tolerante con todos y tomaré las cosas como son. Eso sí, yo no aguardo que llegue el 8 de setiembre sin tener 526

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