VIII. ESTANCIA EN CHOSICA (1903) Viernes 28 [1903] 619 Mi querida Teresa: Recibí esta tarde la carta de Carmen y ayer la de Teresa. La bendita dispepsia ha tenido sus pequeñas manifestaciones, aunque no de gran importancia; anoche recordé a la madrugada con un poco de molestia en la parte baja del vientre; pero duró poco y me volví a quedar dormido. Hoy se realizó el almuerzo que el alcalde Botetano me había ofrecido en el pueblo de Santa Eulalia. Fuimos seis u ocho personas, entre ellos Zapata, el médico del lugar, el joven Espinoza de Moyopampa, y otros, a más de varios soldados de escolta, y Martín, que fue por delante para prepararme mi dieta. Salimos de aquí a las diez del día, más o menos, y creo que empleamos cerca de una hora en el camino, que es muy regular. Pasé unas cuantas horas entretenido; nos hizo bastante sol; pero que aquí no molesta. Entre los concurrentes figuraron el padre Batanero 620 y el cura de Santa Eulalia, un viejecito blanco y rosado, que dijo que ya había almorzado; pero que sin embargo tomó algunos platos, y también tomó lunch a las 3 ½. Yo almorcé menos de lo que acostumbro aquí: un caldito con dos huevos, un pedacito de pescado y un pedacito de pollo, y un poco de leche. Regresamos como a las cinco de la tarde; yo me sentí un poco cansado y me recosté en mi cama hasta la hora de comer. Comí con Zapata, que me acompañó hasta las 9 ½, y cuando él se retiró me puse a hacer algunos cajones para la fiesta del domingo, y a las 11 ½ a escribir estos renglones. Había resuelto ir a Lima mañana en el tren de la sierra; pero pensándolo bien creo que más me conviene pasar aquí la noche e ir el domingo por la mañana; así lo haré y ordena que le digan a Faustino que me espere a las 9 para arreglarme el pelo y afeitarme. Son las 12 de la noche y Martín acaba de decirme que me hace daño seguir escribiendo. Hasta el domingo. 525
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