Me alegro mucho [de] no estar en Lima en estos momentos de combinaciones ministeriales, y ahora comprendo cuán agradable es ver los toros de lejos. Ya me imagino cómo estará Riva-Agüero; será de oírle; el pobre que estaba tan ufano con la presidencia del Consejo, que creía seriamente que el arreglo con Chile se debía a él y únicamente a él, que el país entero iba a prorrumpir en un coro de alabanzas a su talento, sabiduría, firmeza y ñeque; que contaba con la legación a la Argentina, si no era la de España; él, salir echado, poco menos que a puntapiés del ministerio, sin poner su firma al pie del tratado sobre devolución al Perú de Tacna y Arica, considerada por él como obra de su pericia diplomática; él perder S/.400 mensuales, cuando primero le arrancan una muela que un centavo. Imposible que el viejecito resista tan fiero golpe, y es de temerse que mes más mes menos caiga postrado con enfermedad semejante a la de su respetable madre. 609 ¿Y Pepito Lavalle610 qué suerte correrá? ¿Volverá en estos días a la secretaría de la Cámara de Comercio? Lo siento por la pobre Rosalía 611 que parecía tan contenta con que su excelente esposo fuese todo un ministro de Estado; pero un día u otro tenía que dejar la cartera, y que el hecho se haya anticipado unos cuantos días o meses no es cosa de gran consideración para llorar. Voy a escribir otras cartas y concluyo la presente con muchos cariños para los seis muchachos y muy afectuosos recuerdos para Delfina y cuñados de ambos sexos. Te abraza Tu M. *** Huancayo, miércoles 25 de mayo /1898 Mi querida Teresa: El martes 17 a las nueve de la mañana salimos de Callapampa, y a las 519
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