El Perú desde la intimidad

M. *** Iquique, lunes 13 de octubre/1884 Mi querida Teresa: Hoy marcha para Lima otro de los compañeros desterrados, el secretario del Partido Liberal don Juan Francisco Do Pazo [sic]. El sábado recibió un cablegrama de su mujer que decía «Libertad concedida, embárcate»; y ayer el jefe político recibió otro de Novoa más o menos en estos términos: «General Iglesias permite que el señor Pazos vuelva a Lima, déjelo en libertad». Esto último me lo ha dicho en mucha reserva un amigo del jefe político a quien este le mostró el cablegrama desaprobando la intervención que el ministro Novoa y el gobierno de Chile han tomado en el asunto y lamentándose del papel tan desagradable que le hacen desempeñar a él. Habiéndose permitido el regreso de dos de los que estábamos por acá, es probable que de un día a otro se adopte una medida análoga con todos en general, especialmente si, como es probable, las fuerzas del gobierno ocupan Trujillo. Por lo demás nada de particular ha ocurrido por acá; todos seguimos buenos y esperando el momento de embarcarnos para el Callao. Desde que se fue Garland he quedado viviendo solo en el departamento que ocupábamos los dos, compuesto de un salón, en donde se había puesto una cama para ese amigo, y de un pequeño cuarto de dormir. Me sale un poco caro; pero prefiero ese aumento de gasto, siendo sobre todo por poco tiempo, a vivir con otro, o a cambiarme a uno de los pequeños cuartos del piso alto que ocupan los compañeros. Tengo vista a la calle, puerta independiente que no me obliga a pasar por el salón de billar, y al lado de la cocina, y un salón decente en donde puedo recibir a quien venga a visitarme y en donde puedo cómodamente pasar el día leyendo, escribiendo o paseando. Hoy es día de recibir cartas de Lima. El vapor llegará al mediodía y de dos a tres de la tarde tendremos nuestra correspondencia. Vamos a ver qué noticias recibimos. Siempre abro tus cartas con un poco de miedo; temo 502

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