El Perú desde la intimidad

francamente si debemos abrigar la esperanza de poder regresar para entonces. Te aseguro que el odio que tengo a esa gente es superior a todo y me indigna considerar que unos cuantos miserables sin ningún mérito ni virtud atropellen a los hombres y pisoteen las más vulgares garantías como la cosa más corriente de este mundo. En fin, paciencia y resignación. Saluda a todos. Cariños a los pollos y abrazos para ti. Tu M.C. *** Iquique, viernes 26 de setiembre /1884 Mi querida Teresa: El lunes recibí tu carta del 17 y ayer la del 20. No me explico cómo no recibiste la que te dirigí de Arica, pocas horas antes de embarcarme para esta; se la entregué al jefe de la Casa de la «Viuda de Nugente y Cia.», que es el agente de la compañía de vapores y me ofreció que llegaría a tus manos con toda seguridad dirigiéndola por conducto de Dartnell. Respecto a diligencias para obtener mi libertad, creo que lo mejor por ahora es no hacer ninguna, tanto porque juzgo serían infructuosas, cuanto porque algunos de mis compañeros que pueden emplear y están empleando muy buenas influencias, están haciendo cuantas son posibles; y mientras ellos no obtengan un resultado satisfactorio no hay esperanza de que se pudiera obtener una excepción en mi favor. Don Juan Ignacio ha escrito para que se valgan de los empeños de algunas personas; pero el que trabaja en ese sentido con gran ardor es don Juan Francisco Do Pazo [sic] quien, según me ha dicho, cuenta con amigos de gran valimiento ante el gobierno y que harán en su favor cuanto sea humanamente posible. Por cada correo hace a su mujer indicaciones sobre el particular y ella está moviendo cielo y tierra; las cartas que le escribe tienen siete y ocho pliegos y en ellas le da razón minuciosa del estado de la cuestión y de todos los medios que ha puesto en juego. Creo que el gobierno no hará excepción en favor de ninguno de nosotros 492

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