Se continúa hablando de la expedición a Arequipa y a este respecto persisto en lo que te dije en una de mis anteriores; si realizan la expedición es porque cuentan con la seguridad de que Bolivia no hará avanzar sus tropas, lo que es casi seguro, y en tal caso no sé si Montero haga resistencia en la ciudad; lo más probable es que se retire, porque no tendrá elementos suficientes para resistir con alguna esperanza de buen éxito, y siendo así no le queda más remedio que retirarse y no exponer la ciudad a las consecuencias de una inútil resistencia y provocar un estéril derramamiento de sangre. En todo este mes se aclarará bastante la situación y por mucho que demoren las cosas, antes de dos habremos llegado al fin y los cautivos serán redimidos. Basta de esta cosa pública tan fastidiosa y enredada. No me ha extrañado que don Pedro Cosme cayese en la trampa que le pusieron las niñitas, y me imagino lo picado que estaría su amor propio. Dile a la comadre que cómo no me escribe sus cartas con una letra tan clara y con tanto esmero como la falsificación. En los periódicos que te mandé el correo pasado hay una nota de Guillermo Matta, 551 ministro de Chile en Berlín, al ministro de Justicia referente a un método de educación de los niños que conviene que la lea el señor Toro y tú por supuesto. Sería muy conveniente encargar a Europa todos los aparatos que según ese sistema se necesitan y un texto en francés en que se den todas las explicaciones necesarias. Vamos a ver cómo sigue Mañuco con los nuevos remedios; tus cartas del viernes pueden traerme noticias de su mejoría. Pues a la fecha de ellas ha habido tiempo para juzgar del efecto del nuevo tratamiento que, espero en Dios, sea en esta ocasión más acertado que antes. Te mando los diarios desde el domingo, van dos lunes y entre todos son trece. El domingo comí como de costumbre en casa de Manonga Cabero; no pudieron asistir ni Jesús ni Elías porque ambos estaban hacía dos o tres días algo indispuestos, ella constipada y él con desenfreno de bilis. La cholada, pues, quedó reducida a Correa y a tu marido, los cuales se desempeñaron a las mil maravillas. Tanto la Manonga como Viel me preguntaron si yo era muy amigo de la Dolores, viuda de Grau, porque les 464
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