Exteriores boliviano, 547 a Aldunate, en contestación a la que éste le pasó proponiéndole que se tuvieran conferencias con un representante de Iglesias, por parte del Perú. Dice que no acepta esa idea, y que su gobierno esperará que el Perú se constituya. Uniendo esto al viaje de Aldunate, al de Logan, a la ocupación de Piura y de Moquegua, a las amenazas de expedición a Arequipa, a los preparativos que realmente se han estado haciendo para alistarla y a otras muchas circunstancias, se comprende que pronto tendrán lugar acontecimientos decisivos y que de un modo u otro, se acerca el fin de la situación actual. Deseo que llegue cuanto antes, por el país y por nosotros. De todos modos tenemos que salir mal; por más que se hiciera tendríamos al fin y al cabo que pasar por los sacrificios que pretende imponernos Chile; más vale, pues, concluir de una vez y poner término a la ocupación enemiga. En cuanto al gobierno que tengamos después, tan malo será uno como otro; y por muy malo que sea el de Iglesias, el del doctor Trujillo, el de Duarte, o el del negro Aguilar es preferible a la dominación del enemigo. Como no tengo muchas cosas sobre qué escribirte y deseas que mis cartas sean bien largas, tengo necesidad de apelar a esos asuntos políticos, que son un tópico socorrido, aunque muy poco agradable. El jueves comió con nosotros don Ambrosio Montt, 548 personaje muy importante de este país, famoso abogado y que está ligado con la colonia de cautivos por haberse encargado de la defensa ante los tribunales de don Francisco García Calderón. Era antiguo amigo de la familia de Elías y de las Beltrán. Elías a su paso por Santiago estuvo con él y de él se valió para obtener del gobierno que dejasen venir a Álvarez a Valparaíso. El jueves vino de Santiago para pasar dos días en Viña del Mar, en donde tiene una quinta, y aprovechó la ocasión para visitar a Jesús y le dijeron que se quedara a comer. Yo no sabía nada porque no había salido de mi cuarto y cuando fui con Correa, a quien Elías había convidado a comer la víspera, al salón de Jesús a la hora de la comida, me sorprendí al saber que habían salido porque estaba lloviendo y Jesús estaba algo constipada. Eran más de las seis y media y no regresaban. A cerca de las siete se aparecieron acompañados de don Ambrosio, el cual les propuso dar la vuelta a la ciudad en los carros del ferrocarril urbano. 459
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