Tu C. *** N° 194 Por Correo Valparaíso, miércoles 19 de setiembre /1883 Mi querida Teresa: El lunes recibí tus cartas del 7 y 8, en las que me dices que todos los muchachos estaban constipados y que Manuelito había tenido dos días de fiebre. Quiera Dios que esa fiebre y el constipado no contribuyan a revivirle con fuerza el turuntuntún, del cual no se sabe cómo ni cuándo podrá sanar. Por lo visto si los aleópatas no supieren o no pudieren curarlo, el sabio homeópata ha dado el mismo resultado y así tendremos que resignarnos a ver al pobre muchacho enfermo toda la vida o hasta que sane por obra de la naturaleza. ¿Qué dice, pues, el señor Ayalde? Cuando el niño tuvo ahora meses algunos días de mejoría se creyó que ya estaba curado; cuando le reapareció el mal dijo el cura que probablemente dependía de que ya no necesitaba remedios porque esos remedios suyos tienen la propiedad de curar la enfermedad y producirla; se suspendieron los tales remedios, el mal persistió y dijo que eso dependía de debilidad en los nervios y de que la enfermedad era vieja; ¿hasta cuándo, por Dios santo, no se le entonan esos nervios? Si te persuades de que con la homeopatía no se consigue nada, reúne una junta de Vélez, Odriozola y Villar. 544 Este último es amigo de los otros dos y es hombre muy observador, muy estudioso, hábil y muy instruido. Ya el muchachito está enfermo más de un año y no es posible dejarlo así más tiempo. En fin, no hay más que conformarse con la voluntad de Dios. Yo sigo bien de salud y esperando la redención de los cautivos. Esta es la segunda que te escribo hoy y las dos van por el correo, porque con motivo de las fiestas la Casa está cerrada. Esta la mandaré bajo cubierta de Castillo. 454
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