El Perú desde la intimidad

hará una visita y con él te mando un paquete con libros. Manda recogerlo a su casa en la calle de los Gallinazos o de los gallinacitos. A propósito de esto, un día ocurrió una cosa muy graciosa con una carta de ese amigo. Puso en el sobre el nombre de su mujer y la calle y número de la casa; pero no el lugar; se olvidó de Lima, y así la echó al buzón. Yo llegué al correo a entregar mi correspondencia precisamente cuando uno de los empleados acababa de recoger las cartas del buzón y estaba arreglándolas, y al ver una que decía: señora doña fulana de Corrales Melgar. Gallinazos, tantos, se dirige a otro y en alta voz le dice: «estos gallinazos deben ser de Lima». Naturalmente yo no pude dejar de reírme y dije que en realidad esa carta era para Lima y completé la dirección. Con este gracioso cuento concluyo esta interesante. Recuerdos a todos y muchos abrazos para ti. Tu C. *** N° 187 Por G.R. Valparaíso, sábado 8 de setiembre/1883 Mi querida Teresa: Ayer recibí tus dos cartas del 29. Bastante mortificado me tienen las noticias que en ellas me das de la salud de Manuelito y que son las mismas que recibo hace ya tanto tiempo. ¿Qué dice, pues, ese santo señor Ayalde? ¿Qué tiene que hacer el invierno con la debilidad de los nervios? En fin, qué se va a hacer; no hay más que tener paciencia y esperar que el muchachito mejore, si mejora algún día. Ayer llegó Jesús Beltrán; Elías fue a recibirla a bordo con Mr. Viollier y desembarcó a las 3 1/2 de la tarde, más o menos. Cerca del muelle la esperamos Correa, don Juan Ignacio y yo. Ha venido bastante delgada a consecuencia del mareo; pero pronto se repondrá. 439

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