El Perú desde la intimidad

Lo que es yo no tengo el menor interés en cambiar de residencia y nada haré para conseguirlo. Lo único que me hubiera hecho desearlo habría sido peligros que hubiese corrido mi salud por causa del clima; pero como esos peligros no existen, al menos no son aquí mayores que en otra parte, no deseo salir de aquí. Ya estamos aclimatados, gozamos de perfecta salud y en cualquier otro lugar gastaríamos por lo menos el doble de lo que gastamos aquí. En nuestra condición poco tendríamos que aprovechar de las ventajas de las grandes poblaciones como Santiago o Valparaíso; no habríamos de estar concurriendo al teatro, a los paseos, a convites y a visitas; si algunas atenciones de antiguos conocidos recibiéramos y nos viéramos obligados a ir de cuando en cuando a visitarlos, con frecuencia nos hallaríamos en situaciones embarazosas, y eso sería una verdadera mortificación. Mi único deseo es salir cuanto antes de aquí a mi tierra y todo lo demás me importa un comino. Vamos a ver si se realiza el pronóstico del padre Pinto. Cuando recibas esta hará justamente un año, menos algunas horas, que estoy fuera de casa y ya es tiempo de volver. No deseo encontrar a Pepe andando sin haber presenciado sus adelantos anteriores al año. Confío en que eso no sucederá; pues de un modo u otro esta situación debe cambiar radicalmente pronto y el cambio nos dará la libertad. Hoy debo recibir tus cartas del 7 y ojalá las noticias que me traigan me hagan pasar un buen día. Ayer llovió casi todo el día; pero sopló muy poco viento y la temperatura estuvo muy suave. Hoy tenemos buen día, el sol brilla en un cielo azul y está soplando viento del sur. He dormido bien, como de costumbre; me he levantado sin novedad y aquí me tienes concluyendo esta misiva. ¿Cuándo vienen esos retratos? Supongo que ya no deben demorar mucho en llegar. Vamos a ver si llegan hoy. Hasta mañana. Recuerdos a los de la calle de Pobres y compañía. Cariños a mis cinco y muchos para ti. Tu 400

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