El Perú desde la intimidad

tanto procuremos conservar la salud y regalarnos de cuando en cuando con un gallo con arroz. Cariños a mis pollos y muchos para la gallina. Tu C. *** N° 155 Por G.R. Chillán, miércoles 11 de julio/1883 Mi querida Teresa: Son las nueve y media de la mañana, el sol con sus rayos bienhechores inunda de esplendorosa luz la estancia del delegado, que acaba de dejar el lecho y envuelto en la rica bata celeste siéntase a escribir a su adorada consorte. ¿Qué te parece ese preludio? Estoy pensando escribir una novela, no para publicarla, sino para mandarte por cada correo una parte y tener así abundante material para mis cartas. Lo que es en esta nada de particular tengo que decirte. Los notables seguimos buenos y sanos y a veces resignados, otros aburridos, esperando el término del cautiverio. Las sesiones secretas del Senado, no han concluido todavía; nada hemos sabido de lo que ha pasado en ellas, ni del aspecto que presente la opinión del Senado. De todos modos parece ya imposible que el gobierno entable negociación alguna con García Calderón. Antes estaba ya resuelto a no hacerlo; y en ese propósito debe haberse confirmado desde que se ha conocido la carta de don Francisco a Iglesias, la otra a qué sé yo quién, la de Lavalle a La Tribuna y la de Lucifer a Satanás. Estoy deseosísimo de saber el efecto que ha producido en Lima la famosa carta a Iglesias. En Arequipa lo producirá detestable y es natural que Montero se ponga furioso, pues mientras él no ha desperdiciado 396

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