M.C. *** N° 130 Por Correo Chillán, lunes 28 de mayo/1883 Mi querida Teresa: Recibí ayer tus dos cartas del 15 y 16. Por acá no ha ocurrido novedad, y después de lo que te digo en mi carta de ayer, nada tengo que añadir respecto a nuestro regreso. Aquí hemos sabido lo que me dices respecto a la libertad de los que estaban confinados por no haber pagado el cupo, la cual se ha obtenido por arreglos entre Novoa y Lavalle. Lo extraño es que se hayan olvidado del bueno de don Juan Corrales Melgar, que fue traído por la misma causa y que vino del Perú con los dos compañeros que se libraron del cautiverio yéndose al otro mundo, con D. Gregorio Real y el coronel Gómez Silva, a quienes asistió en su enfermedad y acompañó hasta dejarlos descansando bajo tierra. No sé a qué se deba esa omisión tan chocante, y no falta quien crea que dependa de la poca buena voluntad que el señor de Lavalle tiene a ese respetable y bondadoso compañero. Que se ponga en libertad a Muro y O’Phelan, que son hombres solteros y a quienes poco les importa estar aquí o allá, y se deje prisionero a un padre de familia como don Juan, habiendo sido ambos a tres (como dicen aquí) traídos por la misma causa, es una gran temeridad, y cualquiera que sea el motivo tiene que ser pequeño, bajo y ruin. Deseo conocer los datos y proyectos que ha comunicado Manuel y que tienen tan entusiasta y decidida a toda la familia a emigrar hasta Tejas. Presentada la idea de esa emigración descarnadamente y sin más apoyo que generalidades sobre lo arruinado que quedará el Perú y las esperanzas de porvenir que se presentan en esas lejanas tierras no creo que sea bastante motivo o que sea cuerdo y prudente alzar con camas y petacas y decir adiós para siempre a su país. Un hombre solo, activo y emprendedor puede sin más datos ni antecedentes ir a buscar fortuna por allá, que si le 357
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