*** N° 119 Por G.R. Chillán, miércoles 9 de mayo/1883 Mi querida Teresa: Son las nueve de la mañana; acabo de levantarme y después de dar gracias a Dios por haberme dejado llegar a esta hora con vida y salud me he puesto a escribirte la N° 119. Nada de particular tengo que decirte en ella. Las esperanzas de paz y de nuestro consiguiente regreso fortifican, y tal vez estemos por allá antes de los dos meses que había calculado que todavía duraríamos por acá. Te recomiendo la lectura del editorial de La Época del domingo titulado «Las bases de la paz». Es evidente que aquí el país desea vivamente la paz y que la mayoría de la opinión está bien pronunciada por ella. Los últimos sucesos con las fuerzas de Cáceres, las noticias sobre la fiebre amarilla y los perjuicios consiguientes a este estado de cosas han hecho sentir últimamente con más fuerza la necesidad de la paz y que la prensa se pronuncie abiertamente por ella. Si llega el primero de junio sin que el gobierno haya hecho nada serio a ese respecto, las cámaras que se instalan en esa fecha le armarán una camorra terrible y le obligarán a concluir la cuestión. La persona que según te dije en mi carta N° 117 debía ir de Santiago a Valparaíso con el exclusivo objeto de conferenciar con García Calderón, fue efectivamente y no solo fue, sino que habiendo anunciado que llegaría tal día se adelantó y llegó la víspera. Tuvo lugar la conferencia; no tenemos detalles de ella; pero la persona que escribe asegura que todo va bien y que abriga la esperanza de que bien pronto se llegará a un resultado. Cuando llegue el momento te haré un cablegrama de Valparaíso, aunque tal vez sería mejor no hacértelo sino de Iquique, a fin de que estuvieras menos días con la ansiedad natural esperando la llegada del vapor. Veré lo que más me parezca que te convenga. Lo cierto del caso es que el cautiverio no durará mucho tiempo más. 341
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