El Perú desde la intimidad

No hables con nadie de esto. El pobre viejo Gómez Silva no ha mejorado; se ha sostenido hasta hoy, quién sabe durará algunos días más, pero ya no hay esperanzas de salvarlo. Sus setenta y cinco años tienen a su organismo sin fuerzas suficientes para reaccionar contra el mal. La enfermedad en sí ha sido poca cosa, según dicen los médicos, y si no hubiese sido tan viejo hace días que estaría bueno. Ya tiene diez días de fiebre y sin embargo está todavía bastante entero y con todas sus facultades. Se va extinguiendo suavemente como una lámpara que se apaga, y es de temerse que no dure dos días más. A principios de la semana hizo un codicilo, que es una disposición que agrega o modifica algo al testamento otorgado anteriormente. El jueves se confesó, recibió el viático y está expedito para el gran viaje. Los demás compañeros están sin novedad. Ayer recibió Correa carta de doña Rosalía en la que le dice que don José Antonio quedaba muy mejor, casi completamente bueno, y que es cierto que se le ha dicho verbalmente que puede irse al Perú cuando el estado de su salud se lo permita. Yo sigo muy bien y espero en Dios que así continuaré hasta que tenga el gusto de entregarte a tu marido sano, gordo y lindo como una perla. Voy a almorzar, que son más de las once y tengo muy regular apetito. Dentro de poco recibiré tus cartas del 23. Recuerdos a todos, cariños a mis hijos y a mi mujer. Tu M.C. *** N° 118 Por Correo Chillán, lunes 7 de mayo/1883 Mi querida Teresa: Lo que me dices en tus dos cartas del 24 que recibí ayer, respecto a la enfermedad de Mañuco, me tranquiliza y confío en las declaraciones del 339

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