El Perú desde la intimidad

semejante, pues lo necesita más que don Juan Ignacio. Pasado mañana deben llegar a Lima Lavalle y Aramburú. Supongo que no los recibirán con arcos triunfales. Si se realiza aquello de la conjunta, lucidos van a quedar. Pero, como ya te he dicho antes, lo que ambos deseaban antes que todo era salir de aquí y para conseguirlo habrían hecho mucho. Sin embargo, Lavalle habría obtenido su libertad probablemente, y seguramente residir en Chile en donde quisiera escribiéndole una cartita a don Domingo y no lo hizo, ni estaba dispuesto a hacerlo. Siento mucho el chasco que le ha pasado al pobre con el novio de una de sus hijas. Estaba contentísimo con el matrimonio; el novio pasó aquí con él un par de días, y como según tengo entendido es un poco palangana y farsante, le metió al futuro suegro qué sé yo cuántas mentiras en la cabeza y le dio alta idea de su importancia, sus negocios, sus capitales y hasta su influencia, llegando al extremo de decirle que él hablaría con Santa María y le escribiría de Valparaíso dándole cuenta de su entrevista. El suegro estuvo esperando por varios días la carta hasta que hizo un telegrama a un amigo preguntando por su yerno, y le contestaron que no se había ido y que estaba enfermo. El hecho es que Lavalle se ha ido y el novio se ha quedado. Pero Lavalle se ha ido no sabiendo nada de lo ocurrido, conservando siempre la mejor opinión de su presunto yerno y muy satisfecho con el matrimonio. Y precisamente por lo satisfecho que estaba y por una que otra cosa que le oí, juzgo de las cortas y las largas que el otro le metería. No hay duda, el pobre Lavalle está de malas, y eso tal vez contribuye a perturbarle el criterio y llenar su espíritu de amargura y de otros ingredientes no muy gratos. Hablando algo del prójimo he llenado este pliego. ¿Cómo se portan los suegros? Muchos recuerdos a ellos y a todos los demás. Cariños para los pollos y la gallina. Tu M.C. *** 287

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