los que trajeron prisioneros por no haber pagado el cupo, murió a las siete de la noche, en el hotel Ñuble, de una fuerte pulmonía. El sábado pasado cayó enfermo; inmediatamente le vio el médico, quien desde luego declaró que estaba con pulmonía y que el caso era serio. El mal no cedió ni un momento, a pesar de que fue atacado con toda energía. Se formó una junta de los mejores cuatro médicos del lugar, y la junta aprobó el procedimiento que había seguido el doctor Dueñas. El sábado al medio día, el paciente parecía muy entero y muy fuerte. Hizo su testamento, que él mismo dictó y firmó. El cura de la parroquia de quien desde antes se había hecho muy amigo y que iba con frecuencia a visitarlo durante su enfermedad, lo confesó y le aplicó la extremaunción. Ayer por la tarde parecía muy grave; pero no creíamos que concluyera tan pronto. A las seis tuvo lugar una consulta del doctor Dueñas con otro médico, y sin dar grandes esperanzas resolvieron que se le aplicase un cáustico a la cabeza, porque lo más grave era el ataque cerebral que se manifestaba por el delirio. Momentos después, yo y algunos de los compañeros fuimos al restaurant a comer y cuando regresé una hora más tarde, el pobre Real había muerto. Como puedes suponer, este desgraciado suceso nos tiene llenos de tristeza y muy inquietos por la inquietud y alarma que, aunque sin motivo, puede producir en nuestras familias. Real tenía cincuenta y dos años y deja mujer y dos hijas casadas. Ya está descansando. Es la primera mala noticia que comunicamos a Lima y confío en Dios que será la última. Muchos recuerdos a los suegros, cuñados, al doctor, a Dubois, Heeren y demás amigos. A Pepe, Mañuco y hermanas un cariñito. Te abraza tu M.C. *** N° 84 Por G.R. Chillán, miércoles 7 de marzo/1883 284
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