El bañero pregunta a los bañantes a qué temperatura quieren el baño; yo pedí a 37 grados, y te aseguro que eso ya es bastante para sudar. Forero ha tomado 42 grados, pero a temperatura tan alta no los toman sino los que tienen necesidad de sudar a chorros y que padecen de enfermedades inveteradas y que han tomado mucho cuerpo. Los efectos de estas aguas de azufre son realmente admirables. A más de otras enfermedades, para las cuales su acción es indefectible e inmediata, son muy buenas para curar los reumatismos, las parálisis, las enfermedades de la piel, las de estómago y qué sé yo cuántas más. Han venido aquí personas que no podían andar, y después de unos cuantos baños podían correr. Se usan esas aguas no sólo en baños sino bebiéndolas. Allí en el lugar en que están los cuartos hay tres chorros que salen de otros tantos tubos de fierro, de agua de azufre, de magnesio y de potasa. Los bañantes van con sus vasos y toman de una u otra agua, según su enfermedad o gusto. Yo tomé de potasa, que es mala como mil demonios; pero que dicen que es muy buena para el estómago. En la actualidad habrá aquí cerca de doscientos bañantes, entre ellos algunas señoras. Unos vienen por enfermedad y otros por higiene y como precaución. El hotel es pasadero; la comida no es mala y bien se puede uno estar aquí veinte o treinta días sin sufrir grandes incomodidades ni privaciones. García y yo, como te he dicho, ocupamos un solo cuarto y a cada uno le cuesta cuatro pesos diarios. Si a esto se agrega el té por la mañana, que vale treinta centavos; el vino, que lo menos será 50, porque el más barato vale un peso botella; el baño a 20; gratificaciones a bañeros y sirvientes y demás gastos menudos, resulta que me saldrá la cosa a cinco pesos y medio diarios, más o menos. He llenados dos pliegos con detalles bien minuciosos y basta para hoy con lo dicho. Recuerdos a todos y muchos cariños a los muchachos. Tu M.C. *** 260
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