El Perú desde la intimidad

habló con él, que la paz era cosa de pocos días. Ojalá sea así. [ilegible] *** N° 68 Por G.R. Termas de Chillán, 429 martes 6 de febrero/1883 Mi querida Teresa: A las cuatro y media de la mañana de ayer salimos de Chillán Ignacio García y yo teniendo por compañeros de coche al secretario de la intendencia y a dos ingleses cualesquiera. Cuatro caballos tiraban nuestro coche y a las seis leguas llegamos a la primera posta y allí se reanudaron. Cuatro postas hay en todo el camino y en cada una de ellas se cambia de caballos; cada coche emplea, pues, veinte en un viaje: y a pesar de eso, cuando rinden su jornada, quedan bien fatigados. De aquí a Chillán hay veinte leguas y la mayor parte de ellas de subida. Hay algunas pendientes tan paradas que los pobres caballos tienen mucho que pujar y que sudar para subirlas. La mayor parte del camino está entre una hermosa montaña cubierta de grandes árboles y en algunos puntos se ofrecen a la vista muy bonitos panoramas. A las tres de la tarde [llegamos] algo cansados y cubiertos, literalmente cubiertos de polvo. En el acto García y yo nos instalamos en un cuarto alto con dos camas, una de viento [sic] y otra de fierro; García prefirió la de fierro por ser más abrigadora y yo tomé posesión de la de fierro [sic]. Yo llegué con un regular dolor de cabeza, tanto por no haber dormido nada la noche anterior, cuanto por la fatiga, el calor y el polvo del camino. Después de haber tomado posesión de nuestro cuarto fuimos al lugar de los baños de fierro y tomamos uno de 36 grados de temperatura, que es algo más caliente que el baño tibio que se toma generalmente. Este baño nos sirvió para lavarnos convenientemente y como era necesario después de haber recibido tan inmensa cantidad de polvo, para refrescarnos y reponernos de la fatiga del viaje. El carro con los equipajes no había llegado hasta la hora de comer, no 258

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