sino en las grandes solemnidades en que salen a lucir todos los nombres, títulos y dignidades. Supongo que el Rafael se le ha puesto por el milagro de doña Trinidad o por su profecía, y a este respecto no tengo observación que hacer en contrario. Algunos momentos después de haber leído tu carta fui a las habitaciones que ocupan Elguera, García, Correa y Ribeyro a informarme de las noticias que hubieran recibido; ya les había dicho Elías que tú habías tenido tu niño y me exigieron que tomáramos una copa de Oporto por la felicidad de Pepe. No hubo remedio, compré mi botella de Oporto; esos notables vinieron a mi cuarto, también vinieron Muro, que estaba con ellos y Álvarez que vive en una habitación vecina a la nuestra. Tomamos la copa por el recién venido al mundo, y habiendo dicho don José Antonio que el 23 había sido el santo de su hija Octavia también se tomó por ella. Ítem más don Juan Ignacio recordó que ese mismo día 23 fue también el santo de mi suegro y me propuso tomar a su salud, moción a la que se adhirieron todos los honorables presentes, habiéndome ya comprometido a hacer llegar el hecho al conocimiento del interesado; y para hacerlo por el conducto regular me dirijo a ti para que se lo comuniques de oficio. Acabo de recibir tu carta por el correo, fecha 29 N° 1. Ha llegado a mis manos pocos momentos después de haber llegado el tren que trae la correspondencia. Muy triste es la noticia que me das del estado de Carmen, la hija de Pedro. Cuántos y qué duros golpes para esa pobre familia. Cuando veas a Pedro dile muchas cosas a mi nombre y manifiéstale cuánto siento las desgracias tan crueles que le han sobrevenido. Hace pocos momentos que recibí tu carta por G.R. del 29. Inmediatamente fui a ver a Ribeyro para tomar de él informaciones respecto a la nodriza de que me hablas. Se llama Manuela y dice Ribeyro que es buena muchacha, formal y aseada, pero que durante la crianza de su hijita Delia tuvo dos ataques nerviosos, dos pataletas que la dejaban privada y haciendo movimientos nerviosos, y teme que la niñita, que ha salido muy nerviosa, haya adquirido esa disposición de su nodriza. Puede ser que esas pataletas fueran ataques de epilepsia y tú comprendes que en ese caso por ningún motivo debías hacer que le diera de mamar esa muchachita a nuestro pericotito. 234
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