El Perú desde la intimidad

N° 50 Por G.R. Chillán, domingo 7 de enero/1883 Mi querida Teresa: Con un retardo de dos días, debido a no sé qué, recibí tu carta del día 23 que me ha traído buenas noticias de la salud de todos ustedes. La de los notables también es buena. Don Juan Ignacio Elguera tuvo un día de fiebre y otros accidentes que algo nos alarmaron temiendo que fuese un ataque de pulmonía; pero no fue así, al día siguiente estaba sin fiebre y ya está levantado. El martes se va con Muro a los baños de la cordillera de donde lo ha llamado Derteano, que parece se ha instalado allí con todas las comodidades que puede ofrecer la localidad. Yo principiaré pasado mañana a tomar baños de lluvia en un establecimiento medio pasadero, pero nada más que pasadero, que hay a cinco o seis cuadras distante de nuestra casa. No he podido hacerlo hasta ahora, a pesar del deseo y aun de la necesidad que he sentido de ellos, porque no se me había quitado por completo este maldito constipado, cosa que aquí dura mucho tiempo a causa de los cambios de temperatura que se experimentan entre un sitio y otro y en las diversas horas del día y de la noche. Todavía tengo un resto muy pequeño, pero el doctor me ha dicho y ha dicho Elías, que lo ha tenido mucho más fuerte que yo, que es sostenido por el calor y que bañándonos desaparecerá por completo. Primero tomaremos unos dos baños templados y después a los de lluvia. Ese doctor es un joven Dueñas, hijo de un don Rafael Dueñas que hay aquí, hermano del marino peruano 412 y de otro Dueñas que hay en Pisco. Don Rafael, como toda su familia, es antiguo amigo de los Elías y por esa circunstancia nos viene a ver de cuando en cuando. El joven doctor es inteligente y muy dedicado a su profesión. El modo como se ha portado con Elguera y lo acertado que ha estado en su curación nos han dejado muy buena impresión de su competencia. Don José Antonio está perfectamente y ya se baña en frío. A [él] le dio el constipado con mucha fuerza, estuvo en cama dos o tres días, varios sin salir de su cuarto y por muchos le quedó un resto de tos. 230

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