después de apagada la vela, dando vueltas de un lado a otro; y después, el sueño del justo hasta las siete y media. A las ocho, arribo a tomar el desayuno, compuesto de una buena taza de té con leche y pan con mantequilla; después el correspondiente cigarrillo y concluido éste a escribir a la mujer, porque las cartas hay que ponerlas en el correo antes de las doce del día. Lo que ahora me ocupa es el estudio del inglés. Me he propuesto aprenderlo bien, bien y haré cuanto de mí dependa para lograrlo. Todos los días le consagro dos y tres horas, y ya he estudiado y sé bastante regularmente más de la mitad de las lecciones del método. Ese estudio, la lectura a cierta hora de una clase de libros, a otra hora de otra clase y la charla con los amigos, son aquí las ocupaciones de mi vida, a las que hay que agregar cuatro días a la semana, escribir a cierta buena sujeta y de cuando en cuando a los pollos de esa gallina. Ahora vengo a recordar que en una de mis anteriores te había hablado del empleo de mi tiempo; no estoy seguro de ello, pero me inclino a creer que sí. En todo caso nada se ha perdido con que recibas nuevamente tan interesante relación. Esa es mi vida; esas son mis acciones, que en cuanto a mis pensamientos, te los dirá esta ingeniosa y poética alegoría. 408 [sin firma] *** N° 46 Por G.R. Chillán, domingo 31 de diciembre 1882 Mi querida Teresa: El jueves recibí tu carta del 16 y hace dos horas la del 20. También acabo de recibir dos cartas de Carlos: una del 16 y la otra del 19, remitiéndome con ésta copia del contrato con Buzaglo sobre el negocio de aguardientes. No puedo contestarle por este correo, porque como digo acabo de recibir esas cartas, y necesito pensar un poco sobre el asunto antes de decidirme. 224
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