M.C. *** N° 41 Por correo Chillán, jueves 21 de diciembre 1882 Mi querida Teresa: ¿Con que al fin llegaron los encargos que se hicieron al joven Ayulo? Me alegro y me imagino el gustazo que habrán tenido las niñitas con la cabeza de la muñeca que se había demorado tanto en llegar. Es preciso que mandes entregar a Jesús Beltrán el importe de la muñeca y de no sé qué otros chismes que mandó su madre o de composturas que se le encargaron. Yo no me acordé de hacer ese pago y es preciso no demorarlo más tiempo; creo que el importe de todo es cosa de treinta francos, según tú misma dijiste; y puedes hacer el pago en soles de plata o a una libra esterlina, que te comprará Castillo, y un sol de plata, este segundo medio será más conveniente. Realmente he sentido mucho la desgracia que le ha venido a Juan Gallagher; 399 ya sabía por una carta de Marriot 400 a Correa que estaba con un grano de mal aspecto en el labio, pero no teníamos conocimiento de que ya los médicos lo hubieran declarado cáncer. Supongo lo abatido y desesperado que estará; sin embargo, juzgando por lo que dicen los médicos todavía no hay sino sospechas pero no certidumbre de que sea cáncer. No está, pues, perdida toda esperanza. No es exacto aquello de trompeaduras entre notables en Angol. Es cierto que el general401 tuvo uno de sus accesos de locura originado por una conversación enteramente tranquila y amistosa con Carlos María Elías, pero no hubo de trompos y todo se redujo a los paseos precipitados del general en el corredor y en el jardín, a sus atronadores y [sic] gritos y palabrotas de costumbre. De esos accesos tuvo tres o cuatro, no contra ninguno de sus compañeros; sino contra Piérola. Cuando se habla de éste y se tocan ciertos puntos el general principia a exaltarse y concluye con esas explosiones que realmente son verdaderos arranques de locura. Fuera de esos casos es muy fino, muy atento y muy hombre. 218
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