El periodista y la tv

Nunca debe ofrecerse algo que no esté en el contenido, puesto que esta violación de los principios éticos frustra y causa irritación en el televidente. De hecho, este recurso para apelar a la atención del público es incompatible con el ejercicio del periodismo. Esta coherencia es responsabilidad directa de los productores y directores, quienes deben trazar con anterioridad los criterios específicos relativos a las condiciones de emisión. Asimismo, deben intervenir en la interacción, puesto que conocen la mayor parte de los acontecimientos por ser transmitidos, al haber pasado por algunos filtros, como declaraciones, conferencias, entrevistas, llamadas telefónicas, información de otros medios, edición, posproducción, etcétera. Ahora bien, nada de esto impide que el periodista trate de manifestar su estilo, empleando su retórica o modo de expresar las cosas, con el propósito de lograr la atención del televidente y, sobre todo, su cabal entendimiento. Sin embargo, esto siempre dependerá de los objetivos y los efectos buscados para la comunicación y la línea editorial del programa para el cual trabaja. Finalmente, el estilo del periodista estará siempre en función de los antecedentes ideológico-culturales presupuestos, en tanto que su retórica buscará la persuasión o efectividad del discurso. 1.6. LA VEROSIMILITUD INFORMATIVA La noticia televisada tiene como propósito informar, aun cuando sea también un producto elaborado para el consumo masivo. Su verosimilitud se produce mediante la formulación de enunciados y argumentos, cuya finalidad es la comprensión y aceptación del mensaje, al menos como posible verdad, lo cual exige cierta coherencia e identificación con los conocimientos y creencias de los receptores. Lo verosímil, es decir, ‘lo que tiene apariencia de verdadero’ (RAE, 2002, p. 2289), nos permite comprender mejor lo planteado por Guy Durandin: «no siempre basta decir la verdad para ser creído, aun es preciso que lo que se dice parezca verosímil a la población a la que uno se dirige» (1983, p. 23), pero «no siempre es imprescindible que las historias suenen verdaderas, sobre todo si las audiencias están predispuestas a creer», anota José Manuel Burgueño Muñoz (2009, p. 238). De acuerdo con Michel Suárez Sian, la verosimilitud en el periodismo no implica una suerte de «pacto narrativo» (como ocurre en el ámbito literario), pero sí un «pacto informativo», mediante el cual el televidente 30

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