comunicar y convencer al público acerca de la veracidad de los contenidos de las noticias. No cabe duda de que la esencia del periodismo en televisión es el reportaje, y que este se concentra en el traslado de información y su búsqueda de sentido, como resultado del vínculo entre el reportero, las imágenes, el sonido ambiental, el texto convertido en locución, las declaraciones de los entrevistados, la música, la edición y, finalmente, el público. Sin embargo, a diferencia de otros medios, la noticia está supeditada fundamentalmente a la imagen. Su presencia o ausencia condiciona de manera decisiva su inclusión en la pauta informativa, así como su redacción, edición o incluso los efectos de posproducción, con el objetivo de lograr su entendimiento o causar impacto entre los televidentes. El periodista apela, con su intermediación, para que la persona que está al otro lado de la pantalla comprenda la noticia que se le muestra, usando los recursos audiovisuales que posee, basado en los parámetros socioculturales que tiene tanto él como su receptor. Así, buscará que el televidente decodifique la noticia, fijando su atención en el rápido impacto que generarán las imágenes y el texto que está mostrando. Si bien la irrupción de la televisión digital y de alta definición permite que el público participe más activamente en la generación de los contenidos, el periodista televisivo enfrenta, por la propia naturaleza del medio, a un público que es un mero observador de los hechos y, por tanto, debe destacar aquellos detalles que lograrán captar más fácilmente su atención. De este modo, intentará que se entienda a simple vista lo que se exhibe, trasladando al televidente al escenario de los acontecimientos por medio de los recursos audiovisuales que tiene a su disposición. No obstante, este artificio —que podríamos denominar viaje imaginario al escenario de los hechos— debe usarlo en forma rápida y simplificada, dejando de lado casi siempre muchos aspectos secundarios en desmedro de lo principal. Esto obliga a que, en un breve tiempo, el periodista televisivo se vea obligado a mezclar algunas veces imágenes importantes con otras irrelevantes, es decir, a descartar algunos hechos o incorporar otros considerados accesorios para mantener el ritmo y el interés del telespectador. Si bien, como ya se ha dicho, las imágenes priman en la televisión sobre el discurso escrito, es necesario tomar en cuenta que las palabras ayudan a esclarecer lo que aquellas muestran. Por tanto, dichas imágenes y textos 20
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