El periodista y la tv

noticias de poca relevancia real para la vida de las personas. Se trata apenas de informaciones e imágenes escandalosas que apelan, muchas veces, al morbo, al miedo, al temor, a lo desconocido, al sexo. Siempre será difícil entender completamente qué hay detrás de las motivaciones de las personas que consumen este tipo de noticias que no les aportan nada a su vida diaria. Algunos críticos de la televisión aseguran que se usa el binomio identificación-rechazo o quizá sea la simple constatación de su fracaso personal y el consuelo al descubrir que no se está solo en esta vida. La modelo que se sienta a contar sus penurias o hacer picadillo a sus rivales es la única que se cree que ha conquistado la fama e ignora que es efímera. La celebridad instantánea durará tanto como los medios tarden en encontrar a otra persona que supere el escándalo de su antecesora, puesto que siempre es necesario carne fresca para atraer a los buitres y colocarla en esta área VIP imaginaria donde habita la miseria y el mito del ganador. Por tanto, la diferencia entre los buenos y malos periodistas no estará, en el futuro, en la inhibición de difundir estas noticias de alto consumo, sino en aprovecharse de ellas para señalar a las personas cuáles tienen alguna transcendencia para sus vidas. Una tragedia, por ejemplo, puede ser una gran oportunidad para reflexionar sobre la existencia y su importancia de disfrutarla mientras se posee. Asimismo, un accidente puede ayudar a recordar también la carencia de medidas de seguridad y nuestro grado de vulnerabilidad. En suma, el gran desafío del buen periodista televisivo debe ser transformar las noticias supuestamente intrascendentes en un instrumento de utilidad para que el público reflexione, poniendo los hechos en perspectiva, alejados de adornos o de la fanfarria que rodean algunas informaciones cuya única intención es llamar la atención y obtener rating. 161

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