En este panorama, el periodismo televisivo tiene la gran posibilidad de crecer, ampliando su cobertura y mejorando sus contenidos a una gran velocidad. Si bien los periodistas seguirán laborando en la recopilación, interpretación y difusión de las noticias, cuentan actualmente con una mayor ayuda del público. Sin embargo, es necesario ser consciente también de que esta situación genera un incremento de la demanda pública de información. Esto obliga al periodista a buscar la diferenciación, y esto solo se logrará mejorando la calidad de los reportajes, de la redacción, del análisis y de la interpretación de los hechos. Para obtener la información que desea actualmente el público puede elegir entre múltiples fuentes, pero los valores relevantes siempre serán la veracidad, la objetividad, la ética y la calidad del periodista para sobresalir en este contexto. En un mundo donde hay una variada y creciente oferta televisiva con múltiples fuentes, el reto del buen periodista es distinguir entre quién lo es y quién no. El desafío, por tanto, es atraer cada vez más a ese público fragmentado y que personaliza su contenido. Es cierto que la competencia ha aumentado y que, en un intento por recuperar la cuota de mercado perdida, algunos medios son capaces de incurrir en el sensacionalismo. Esto puede atraer inicialmente una gran audiencia, pero, a la larga, lo obligará a hacer reportajes más escandalosos en su afán por retenerla. El resultado será una audiencia zigzagueante que solo se mantendrá leal en la medida en que el contenido sea más sórdido y espectacular, aunque como mero entretenimiento, es decir, sin ninguna credibilidad. Lo que se anticipa, en este contexto, es que el periodista televisivo aumentará su carga de trabajo con reportajes, informes multimedia y edición dentro de organizaciones que busquen profesionales multitareas, con el fin de reducir personal y costos, así como multiplicar la producción de noticias. Nunca hay que olvidar que las empresas periodísticas sobreviven en la medida en que son rentables. Esa rentabilidad procede fundamentalmente de la publicidad atraída por el rating. La cuestión sobre quién quiere pagar por un buen periodismo es crucial en esta coyuntura. Sin embargo, si consideramos al periodismo como un bien público, deberíamos observar también la utilidad que ofrece a la sociedad. El periodismo no puede ser considerado solo como una mercancía, sino como 157
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