El periodista y la tv

—Quería decirle una cosa. Usted no es tan antipático. Personalmente hasta parece simpático, pero solo que [anoche] fue muy arrogante. —¿Yo? ¿Arrogante? Soy un provinciano de Tatuí, un hombre humilde. ¿Por qué fui arrogante? —Porque usted nunca habló conmigo. Nunca se dirigió a mí. Yo estaba tejiendo crochet en mi sala y usted podía haberme consultado sobre las ideas que estaba exponiendo, pero siguió hablando, hablando, olvidando que yo estaba mirándolo al otro lado del televisor (citado por Paternostro, 2006, pp. 36-37; la traducción es mía). Sin duda, toda persona que aparece en televisión se debe al público y, fundamentalmente, el periodista. Así como este medio de comunicación coloca a numerosas personas en la cima de la popularidad, también puede hacer que caigan en el más profundo agujero del oprobio o el rechazo público, por olvidarse del televidente, por distorsionar, manipular o informar de manera inadecuada, o simplemente por creerse dueños de la verdad. El único legado que quiere dejar, por tanto, esta publicación es que solo la honestidad y la calidad son las mejores y únicas formas para triunfar, en el largo plazo, en cualquier rama del periodismo, pero, sobre todo, en la televisión. Ese es el verdadero secreto del éxito. 13

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