El periodista y la tv

fácilmente en un agente de desinformación, como lamentablemente ocurrió en nuestra historia reciente. Un aspecto esencial en esta profesión es el compromiso con la equidad y la exactitud. De este modo, es preciso que el periodista nunca confíe exclusivamente en una fuente, puesto que puede ser engañado o manipulado. Tampoco debe tomar partido por uno de los bandos en conflicto, olvidando que el público se percatará de ello, ya que puede perder, en cuestión de minutos, aquello que le costó conquistar en tantos años: su prestigio. Tampoco debe usar la falta de tiempo o el desconocimiento como excusa o coartada para la difusión de noticias de mala calidad o que carecen del debido contexto que permite a los televidentes entender claramente el hecho que pretende comunicar. En consecuencia, para informar con calidad se requiere, en principio, usar la inteligencia y comprender el mundo que nos rodea. Si un reportero no es curioso y se resigna con la declaración de un solo funcionario o no se esfuerza por entender el lenguaje televisivo, lo mejor es que cambie de profesión, puesto que está condenado al fracaso o a convertirse en un periodista mediocre. Existen muchos reporteros televisivos que se esmeran por estar al tanto de los últimos avances tecnológicos, de usar las frases de moda y descuidan algo que es esencial: entender la noticia sobre la cual están informando. Con frecuencia los periodistas televisivos sazonan sus reportajes con palabras que pueden provocar encendidos aplausos entre los literatos, pero que carecen de sentido para gran parte del público. Por ende, es necesario tener presente que no se puede informar eficazmente si los periodistas no hacemos el esfuerzo para que el público entienda lo que estamos diciendo. Debemos pensar primero en los televidentes y recordar que se pueden decir cosas muy profundas con palabras simples. Al respecto, el periodista brasileño Maurício Loureiro Gama, en una entrevista concedida al programa por los 50 años de la cadena televisiva Rede Globo, en 2000, contó una bella anécdota que demuestra la importancia decisiva que tiene el público en esta profesión: Al día siguiente de aparecer por primera vez [en TV], me encontré en la calle con una mujer simpática, de unos 50 años, de cabellos canos, que me dijo: —¿Usted trabajó en el programa de televisión anoche? —Sí, así es… 12

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