La «espectacularización» de la noticia o infotainment irrita y desconcierta al autor como a muchos teóricos y televidentes. Los prejuicios culteranos y académicos ante el medio, a los que no escapan ni los profesionales de la televisión, se ponen a prueba en el capítulo dedicado a ese menudo tema. A Hugo le preocupa que el noticiero peruano haya disminuido su cuota de notas políticas y humanas a favor de las ligeras y faranduleras. Allí se abre un urgente debate que escapa a este libro, pero en él hay una buena base para empezar a lanzar los argumentos. Hay que subrayar que este es también un libro de ética periodística aunque no esté consagrado a ella ni se invoque el concepto en cada capítulo. Hablar de ética es hablar de rigor y de control de calidad cuando queremos ser pragmáticos sin que el pragmatismo venga acompañado del cinismo, la vocación de buitres o la simple falta de escrúpulos que se suelen asociar críticamente al periodismo. El apego a la ética se da por tácito y descontado cuando hablamos de profesionales serios en cualquier arte u oficio, pero hay que subrayarlo en el periodismo televisivo porque la ética se ha vuelto en nuestros tiempos muy vulnerable a los retos y tentaciones que suponen la «espectacularización» de la noticia, las nuevas tecnologías que vuelven asequible a cualquier ciudadano registrar y compartir imágenes, y la feroz competencia de los canales cuando no se sabe hasta dónde las «culturas de la colaboración y del conocimiento» que se expanden por las redes minarán la fuente de ingresos de la televisión basada en una cultura de mercado. El periodismo televisivo está en tiempos de trance y transición, está siendo repensado por la industria de los formatos para fusionarlo con nuevas formas de otros géneros, y es constantemente reconsiderado por los televidentes, los anunciantes y las flamantes instancias ciudadanas que presionan por regularlo. Estos son factores universales y en el Perú añadiríamos una alta cuota de desconfianza en las instituciones a la que no escapa el periodismo televisivo, sobre todo luego de la crisis de insolvencia económica y moral que atravesó la televisión al develarse que fue corrompida por Vladimiro Montesinos. Ante tantos retos, presiones y encrucijadas, es hora de que los profesionales de la comunicación y los televidentes exigentes saquemos los manuales para no perdernos. Aquí hay uno que recomiendo. Fernando Vivas 10
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx