«Es verdad que marcho apenado, pero pienso que una de las razones fundamentales de mi viaje a México es ofrecer seguridad económica a mi familia» (La Crónica, 12 de agosto de 1975). Otra respuesta desde el Estado fue la promulgación del decreto ley 21241, el 12 de agosto de 1975, que extendía beneficios sociales a los deportistas profesionales. Antes, cuando un jugador se lesionaba debía pasar su proceso de curación sin ninguna remuneración, dado que el club no tenía responsabilidad sobre su salud. Tampoco recibía remuneración cuando no había partidos, a pesar de participar en entrenamientos. Como comentaba el arquero de Universitario, Ottorino Sartor: «antes los jugadores de clubes chicos tenían “vacaciones forzadas” cuando terminaba la actividad oficial; desde este decreto tendremos vacaciones remuneradas…» (La Crónica, 14 de agosto de 1975). Ahora recibirían una remuneración fija y un seguro de salud, gozarían de vacaciones pagadas y accederían a un fondo de pensiones para la vejez. Por su parte, los deportistas sin contrato vigente podrían solicitar hasta el 50% de tal fondo en caso de desempleo. Igualmente, tenían derecho a solicitar un adelanto en la compensación por tiempo de servicios siempre y cuando el fondo se usara para comprar una vivienda. La agremiación de futbolistas recibió la ley con beneplácito y aseguró que ayudaría particularmente a que los deportistas jóvenes opten por la vía profesional. En palabras de Héctor Chumpitaz: «Para que vean cómo valoro este decreto quiero contarle que la última vez que tuve 15 días de vacaciones fue en 1972 (…). Ahora podremos gozar de nuestro tiempo a gusto, porque tampoco es satisfactorio descansar teniendo una lesión» (La Crónica, 14 de agosto de 1975). Tanto la normativa sobre los pases como la ley de seguridad social presentaron sustentos para cambiar la identidad del jugador de fútbol con el fin de convertirlo en un sujeto de derechos. La agremiación de jugadores que se creó en este clima general de defensa de los derechos laborales fue un síntoma de la plataforma de apoyo que tendrían los jugadores de continuar el régimen. Si agregamos la posibilidad de que los jugadores accederían a mejor educación, tal como se planteó inicialmente por la ley del deporte de 1974, encontramos las bases de un proceso de independización del control del dirigente. Esto hizo que algunos pensaran que en el futuro los jugadores podrían —inclusive— asumir posiciones de liderazgo y manejo en el campo del fútbol profesional. Con el titular 93
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