el objetivo de velar por los derechos de los jugadores y mejorar los ingresos. Su primer presidente fue Oswaldo «Cachito» Ramírez, por entonces jugador de Universitario y héroe del partido clasificatorio al Mundial de México 70. Las primeras acciones del nuevo gremio fueron revalorar la posición del fútbol profesional de clubes en la sociedad peruana. Para ello decidieron fundar un departamento de publicidad propio que mejorara la visibilidad de los futbolistas en los medios. Las declaraciones de «Cachito» sobre el rol del Estado respecto a los clubes revelan el paradójico impacto de las políticas deportivas: regular al fútbol profesional mientras se brinda mayor visibilidad y apoyo al deporte amateur no estaría conduciendo a mejorar la calidad de la competencia. Cachito, jugador de Universitario de Deportes, declaró que estaba bien cuanto se hiciera por el deporte amateur, «pero sin olvidarse de los futbolistas profesionales, que son en un 90 por ciento gente del pueblo». Señaló, por ejemplo, que en el reciente Sudamericano Juvenil de Atletismo «todos los diarios se olvidaron del fútbol rentado, lo que creó incertidumbre en los jugadores, que se reflejaba en sus bajas actuaciones en los partidos» (La Crónica, 15 de noviembre de 1974). El Estado respondió a estas demandas con dos dispositivos legales que terminarían por poner en jaque a los clubes profesionales: la regulación de los pases y el derecho a la seguridad social. Uno de los temas más sensibles del pacto de caballeros era la gestión de pases de los jugadores. Los dirigentes podían llegar a acuerdos verbales para definir arbitrariamente si permitían que un jugador se moviera a otro equipo o no. Si el jugador obtenía el pase, podía ser sometido a algunas condiciones, entre las más conocidas: que su duración en el equipo receptor fuera por tiempo indeterminado (si el equipo de origen lo decidía, podía llamarlo de vuelta o trasladarlo a otro equipo, inclusive), que no jugara los partidos contra su equipo de origen (lo que creaba la ventana para incertidumbre remunerativa del jugador) y que no necesariamente recibiría algún porcentaje por la transferencia (de hecho el club de origen podía recibir un monto pero este se establecía caso a caso y en un arreglo de confianza entre dirigentes). Una característica menos conocida es que los pases favorecieron especialmente a algunos clubes. Dado que el pacto de caballeros se basaba en el estatus del dirigente, fueron los clubes más antiguos, limeños y participantes de la liga profesional los mejor ubicados en el campo. Esto 91
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