Los jugadores dirigieron una carta al presidente de la FPF en la que solicitaban la homologación de los pagos —dado que cada uno era remunerado según la planilla de su club de procedencia—35. Sin embargo, la federación indicó que solo podía cubrir la manutención diaria. Así, la situación económica era coherente con las ideas castrenses de trabajo duro, mesura y entrega por la patria. De hecho, que un jugador de fútbol pida un aumento no siempre era bien visto pues ponía en cuestión su amor por la camiseta —un legado de las valoraciones elitistas de inicios de siglo sobre los jugadores provenientes de sectores populares—. Ante este panorama, los jugadores idearon iniciativas para financiar sus salarios. Una de ellas fue la realización de sorteos —rifaron dos automóviles, una guitarra, un juego de muebles y electrodomésticos—. Otra actividad, más lucrativa, fue la organización de partidos preparatorios que permitieran generar ingresos por taquilla. Luciano Cúneo, entonces delegado en la FPF, financió con su dinero un viaje a Europa para cerrar partidos de entrenamiento y movilizó recursos para cubrir los gastos de la selección en el proceso, con lo cual se perfiló el rol que cumplirían los futuros dirigentes responsables de la selección. En ese entonces, Cúneo era dirigente de Defensor Lima, club apoyado por el poderoso Grupo Banchero, líder en la industria pesquera y propiedad del magnate Luis Banchero Rossi. La experiencia con la selección permitió que Cúneo fuera luego nombrado presidente de la FPF (1973-1975) y que continuara ocupando posiciones clave en la gestión deportiva, económica y política. Cuando Banquero Rossi fue asesinado el 1˚ de enero de 1972, el gobierno expropió al grupo pesquero y formó la empresa estatal Pesca Perú. Cúneo integró la nueva junta directiva de esta empresa en 1973 e influyó en la dirigencia del Defensor Lima de entonces. Desde este espacio se acercó al poder político y comenzó a conocer el aparato del Estado. Fue así que llegó a integrar el estrecho grupo de amigos del general Javier Tantaleán, entonces ministro de Pesquería. Al respecto, el periodista Alfonso Baella (1978) recuerda: El 30 de noviembre de 1974, en uno de los salones reservados del (chifa) Lung Fung, saboreaban los exquisitos potajes un grupo de caballeros y damas de gran importancia y significado en el espectro político, económico, social y militar del Perú de entonces. Allí estaban, con los palitos de marfil en mano, nada menos que el Primer Ministro y ministro de Guerra, general Edgardo Mercado Jarrín, y esposa, Gladys Neumann de Mercado; el ministro de Pesquería, general Javier Tantaleán Vanini y su esposa, Margarita Arbulú de Tantaleán; el general 72
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