predilección sobre algunos players. Para nosotros a partir de ahora todos son iguales. Todos son peones que se están preparando para librar un duro compromiso internacional y todos son capaces de luchar por ese ideal» (La Crónica, 15 de enero de 1970). El control sobre la selección se expresaría también con gestos simbólicos. Cuatro años después de clasificar a México 70, en 1973, cuando Velasco Alvarado descansaba convaleciente en el Hospital Militar luego de la amputación de su pierna derecha, fue visitado por toda la selección nacional, el comando técnico y dirigentes de la FPF, que iniciaban el proceso de clasificación Alemania 1974. Héctor Chumpitaz, entonces capitán, lo saludó afectuosamente: Tengo el honor de hablar por todos mis compañeros. Hemos venido a desear al Señor Presidente una pronta recuperación y sobre todo, para cumplir con quien, en una hora difícil para nosotros, supo brindarnos su apoyo y aliento. Hace cerca de cuatro años veníamos de sufrir una injusta derrota y el Señor Presidente acudió a nuestra casa, el Estadio Nacional, y con su presencia nos proporcionó el estímulo que tanto necesitábamos. Eso fue factor decisivo para el inicio de una campaña que nos llevó a las finales de la Copa del Mundo de 1970. Hoy, sabedores de que no puede acudir hasta nosotros, hemos venido a recoger nuevamente su aliento y expresarle nuestra siempre presente gratitud… (La Crónica, 23 de marzo de 1973). Velasco opinó sobre el fútbol siempre que tuvo la oportunidad y reveló la importancia del deporte en su accionar cotidiano y también la política personalista que imprimía a ciertas decisiones. Un 13 de abril de 1973, a propósito de la posibilidad de nacionalizar peruano al arquero argentino Humberto Ballesteros, Velasco comentó para el diario La Crónica: «Hace más de un año salió en los periódicos que el Ministerio de Relaciones Exteriores era quien no le daba pase para su nacionalización (…). Inmediatamente hablé con el ministro correspondiente y luego de investigarse, se comprobó que no había llegado ni la solicitud». Similares gestos carismáticos fueron imitados por otros militares que conformaban el alto mando del GRFA. El general Javier Tantaleán Vanini, entonces ministro de Pesquería, invitó a todo el seleccionado nacional a almorzar a la Costa Verde días antes de que el equipo partiera a Santiago a jugar el partido de vuelta con Chile por las eliminatorias a Alemania 1974. Tantaleán los conminó a triunfar diciendo: «tienen que dejar el alma porque son 14 millones de peruanos que los están mirando» (La Crónica, 8 de mayo de 1973). Algunos años después, Tantaleán sería acusado de ser 70
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