El otro partido

El último partido se jugó el 31 de agosto en la Bombonera, en Buenos Aires. Contra todo pronóstico, el marcador final cerró el empate en 2-2, con anotaciones de Oswaldo «Cachito» Ramírez para Perú. Una hazaña se había logrado: por primera vez en su historia el Perú clasificaba a un mundial de fútbol31. En Lima se desató una celebración espontánea. Muchos fueron a la casa de Velasco, quien desde su balcón declaró: «El Perú está vibrando desde la capital a las fronteras. Ahora estamos formando un verdadero impacto, de un Perú digno y soberano, todo es posible obtener y esos once corazones peruanos han obtenido un triunfo fuera de nuestras fronteras y los seguiremos obteniendo» (Orrego, 2008). En estas líneas Velasco Alvarado condensó el espíritu de la ley del deporte, donde se resaltan los valores del espíritu patriótico y la identidad nacional como elementos constitutivos del hombre nuevo. El triunfo también respondía a un país que se encontraba ávido de éxitos deportivos reconocidos internacionalmente (Aguirre, 2014) y a la necesidad de mejorar la popularidad de las reformas del GRFA. Esta visión adquirió el rostro de los jugadores de la selección, quienes el 3 de setiembre de 1969 fueron homenajeados en Palacio de Gobierno y recibieron los laureles deportivos32. Así cerró Velasco su discurso ese día: Este «Arriba Perú» significa nuestra fe en el futuro; este «Arriba Perú» significa la esperanza de un pueblo, que construye una nueva patria digna y soberana. Por eso hoy repito con voz vigorosa y emocionada «Arriba Perú». Arriba Perú con nuestro petróleo. Arriba Perú con nuestra reforma agraria. Arriba Perú, digno y soberano. Arriba Perú, con los triunfos que nos esperan en todos los campos. Arriba Perú en América. Y en el mundo entero, ¡arriba Perú! (La Crónica, 3 de setiembre de 1969). El gobierno realizaría más esfuerzos para promover los resultados del seleccionado nacional; inclusive asumió su preparación para el Mundial México 70. Por orden del presidente de la FPF comandante Gustavo Escudero, los jugadores se concentraron en el Colegio Militar Leoncio Prado desde el 13 de enero hasta su partida a México en mayo33. Su estadía fue coordinada por el director del colegio, el coronel Reinaldo Sánchez (también directivo del CND), quien revisó personalmente que todos sus requerimientos fueran atendidos. La concentración tuvo una marcada connotación castrense y mantuvo a los jugadores bajo un estricto régimen de entrenamientos; asimismo, tuvieron que dormir en habitaciones grupales y comer un rancho diario. Germán Podestá, dirigente de la FPF, declaró al respecto: «[La disciplina] tendrá que ser férrea y sin 69

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