El otro partido

ideológica, recogieron los éxitos de Cuba para diseñar sus políticas deportivas (Yoder, 2016). En el Perú, los logros cubanos se siguieron de cerca en las aulas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde se gestó el modelo educativo articulado en el deporte que sostendría al proyecto del GRFA. El profesor sanmarquino Emilio Barrantes Revoredo dirigió estos debates y se convirtió en uno de los artífices de la nueva propuesta educativa del gobierno de Velasco Alvarado. Un grupo de estudiantes liderado por Fausto Alvarado desarrolló como propuesta un modelo educativo sostenido en tres ejes (formativo, educativo y competitivo, como veremos en breve). Alvarado se convertiría luego en vicepresidente del Club Unión Huaral y lideraría, junto con otros, la respuesta de los llamados «clubes provincianos» ante el control de los líderes deportivos de Lima. Esto lo llevaría, casi una década después, a ocupar la posición de presidente de la Asociación Nacional de Fútbol Profesional-ANFP (1979-1980) y director de la FPF (1989-1990). Este proyecto fue movilizado desde el marco educativo, a partir del cual creó condiciones para garantizar la práctica universal del deporte desde la infancia hasta la edad adulta, pasando por la escuela y los gremios profesionales. Esta medida buscó librar al conocimiento como un privilegio de élite y fomentó la participación masiva de la población en todos los aspectos de la vida escolar, al proponer desde abajo comunidades autónomas que enmarquen el proceso educativo en sus realidades físicas, sociales, culturales y políticas (Rivero, 1983; Bizot, 1976). En suma, como expresaría Velasco Alvarado más adelante, la educación tenía que cuestionar el elitismo del Perú tradicional: Como cualquier otro de los sistemas institucionales de nuestro país, el educativo reflejó en su estructura y en su funcionamiento las características definitorias del orden social, económico y político del Perú tradicional. Tal sistema fue en esencia discriminador y selectivo, incapaz de plantear y resolver los problemas educacionales más agudos de la inmensa mayoría de peruanos (Juan Velasco Alvarado, discurso en la Inauguración de la Segunda Reunión de la Comisión Ejecutiva Permanente para la Educación, la Ciencia y la Cultura, 8 de febrero de 1971). Para ello era imprescindible forjar al «hombre nuevo» de la revolución, caracterizado por su alta capacidad creadora, su flexibilidad, su realismo, y su compromiso profundo con su sentido de contribución que desde el campo educativo debe enriquecer y 64

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